FUNAM INFORMA Fundación para la defensa del ambienteCórdoba (Argentina), martes 10 de mayo de 2011
CÓMO ACTUAR ANTE ACCIDENTE NUCLEAR
FUNAM distribuye en Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay un
Plan Ciudadano para actuar ante accidente nuclear
(http://www.funam.org.ar/)
Córdoba (Argentina), Montevideo (Uruguay), Santiago (Chile) y Asunción (Paraguay), martes 10 de mayo de 2011.- La Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM), una ONG con status consultivo en Naciones Unidas, comenzó a distribuir un "Plan Ciudadano para actuar ante accidente nuclear" en Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay.
El Dr. Raúl Montenegro, presidente de FUNAM y profesor titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) indicó que el Plan se elaboró y distribuye "porque los ciudadanos de los cuatro países están desprotegidos".
FUNAM sostuvo que las autoridades nucleares de Argentina "pese a un largo historial de fallas graves en sus reactores de potencia e investigación han preferido no preparar al gran público para evitar que se debata la cuestión nuclear y sus riesgos reales. El peor enemigo de un programa nuclear costoso, sin control social y peligroso, como el de Argentina, es la información. Por eso se prefirió siempre el secreto".
El Plan resulta de un esfuerzo conjunto de FUNAM y la Cátedra de Biología Evolutiva de la Universidad Nacional de Córdoba (Facultad de Psicología) y su distribución es posible gracias a la colaboración de organizaciones no gubernamentales de Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay.
Las dos centrales nucleares de potencia que tiene Argentina, Atucha I en Buenos Aires y Embalse en Córdoba, "pueden sufrir un accidente o acto terrorista pero en nuestro país solo se hacen simulacros de accidente menor en un radio de apenas 10 kilómetros . Si ocurriera un accidente nivel 7 –como los de Chernobyl o Fukushima- el impacto podría extenderse en un radio de hasta 500 kilómetros e incluso más", sostuvo el Dr. Raúl Montenegro, presidente de FUNAM.
Agregó que las centrales nucleares de potencia "tienen dos fuentes de riesgo extremo, en primer lugar los materiales altamente radiactivos contenidos en el corazón de los reactores, y en segundo lugar los depósitos –también altamente radiactivos- de combustible nuclear agotado". En Embalse y Atucha I "ambos están muy próximos, pero los depósitos están menos protegidos que los reactores".
Advirtió que ante el peor accidente posible "se afectarían varias provincias Argentinas, parte de Uruguay e incluso Chile, pues las nubes de material radiactivo podrían contaminar los glaciares andinos que proveen de agua potable a ambos países". Montenegro explicó que el Plan también se distribuye en Paraguay "porque los gobiernos nacional y de Formosa pretenden construir junto al río Paraguay, muy cerca de Asunción, un reactor nuclear Carem 150. De este modo los pobladores de ambos países conocerán el riesgo al que se exponen y podrán estar preparados".
El Plan Ciudadano considera tres categorías de riesgo de acuerdo al tipo de instalación nuclear. "Riesgo alto" para las centrales de Atucha I y Embalse; "Riesgo medio" para los depósitos de residuos radiactivos alojados en el Área de Gestión Ezeiza (AGE) del Centro Atómico de Ezeiza (CAE) y "Riesgo menor" para los seis reactores de investigación y unidades críticas que operan en Argentina.
Esos reactores son los siguientes: el RA-0 ubicado en Córdoba (Ciudad Universitaria); el RA-1 ubicado en el Centro Atómico Constituyentes (CAC), en San Martín, provincia de Buenos Aires; el RA-3 ubicado en el Centro Atómico Ezeiza (CAE), en Ezeiza, Buenos Aires; el RA-4 ubicado en Centro Universitario Rosario, provincia de Santa Fe (Universidad Nacional de Rosario); el RA-6 localizado en el Centro Atómico Bariloche (CAB), en la provincia de Río Negro, y el RA-8 ubicado en el Centro Tecnológico de Pilcaniyeu en la provincia de Río Negro.
Chile posee 2 reactores nucleares de investigación, el reactor RECH-1 de La Reina , en la Región Metropolitana , y el reactor RECH-2 Lo Aguirre, a 28 kilómetros de Santiago.
"No se debe minimizar el riesgo potencial de los reactores de investigación", alertó Montenegro. Recordó que en Argentina "ya ocurrió un grave accidente en el reactor RA-2 de Constituyentes, en Buenos Aires, que alcanzó el nivel 4 en la escala del INES, el mismo nivel inicial asignado a Fukushima. El 23 de septiembre de 1983 ese accidente nuclear provocó la muerte de un operario y contaminó radiactivamente a otras 17 personas".
"Debemos asumir con responsabilidad que por fallas técnicas, fallas humanas, terremoto, impacto accidental de aviones comerciales de gran porte o ataques terroristas cualquier reactor nuclear de potencia o depósito de residuos radiactivos puede generar una catástrofe de consecuencias impredecibles. Por eso es necesario estar preparados".
Un Plan Ciudadano con consignas simples y efectivas.
"Las consignas son simples y efectivas. Permiten que los ciudadanos sepan como actuar ante un accidente nuclear", indicó Nayla Azzinnari, encargada de prensa de FUNAM. "Nadie desea que ocurran pero la posibilidad existe, y no preparar a la población ha sido una irresponsabilidad de las autoridades nucleares".
Explicó que las consignas "pueden bajarse desde la página Web de FUNAM, (www.funam.org.ar) y ser colocadas en lugares accesibles de hogares, escuelas y edificios públicos. El documento también contiene una síntesis sobre las fallas sufridas por las centrales nucleares de Argentina y los efectos de los materiales radiactivos y la radiación en la salud y el ambiente".
No hay ningún valor de radiación ionizante que sea seguro. Hasta las descargas rutinarias de Embalse y Atucha I representan un riesgo.
FUNAM recordó que "no hay ningún valor de radiación, por pequeño que sea, que pueda considerarse seguro. Por eso los organismos de protección radiológica como ICRP, UNSCEAR y BEIR crearon la noción de dosis aceptables, es decir, valores que producen una cantidad de enfermos y muertes pero que se aceptan para poder permitir el desarrollo de la tecnología nuclear".
El Dr. Raúl Montenegro indicó que "incluso las emisiones rutinarias de Embalse y Atucha I pueden provocar daños. Los operadores de ambas centrales aducen que sus descargas están autorizadas, pero no explican que aún esas bajas dosis pueden enfermar y producir eventualmente cáncer". Recordó que un estudio reciente realizado para el gobierno de Alemania (2008) "demostró para niños que viven dentro de los 5 kilómetros de distancia de 16 reactores nucleares un aumento de 1,6 veces en los casos de cánceres sólidos y de 2,2 veces en las leucemias. En Argentina, en cambio, no se han hecho estudios epidemiológicos independientes alrededor de Atucha I y Embalse".
Agregó que en el mundo "solo 31 países tienen reactores nucleares de potencia" [2009] y que Fukushima "los ha obligado a revisar y replantear sus programas nucleares". Sostuvo que los países que no los tienen –más de 170 países- "también están muy preocupados porque podrían verse afectados por los accidentes nucleares de sus vecinos, incluso cuando ocurren a grandes distancias".
FUNAM recordó que los residuos artificiales altamente radiactivos que producen los reactores nucleares de potencia "son peligrosos por más de 2.400 siglos" y que en Argentina "no existe un organismo de control verdaderamente independiente pues la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) está comprometida con el programa nuclear de Argentina y las provincias no controlan. Lo que es peor, ninguno de ellos preparó a la población para actuar ante un accidente nuclear".
Montenegro indicó que el programa nuclear de Argentina "debe ser revisado y decidido por la ciudadanía a través de un referéndum". Agregó que el gobierno nacional y los provinciales "aprobaron ilegalmente la extensión de la vida útil de Embalse por 25 años en Córdoba y la construcción del reactor Carem 25 y Atucha III en Lima, Buenos Aires, sin estudio de impacto ambiental previo y sin audiencias públicas. Fukushima mostró el peligro de tener varios reactores nucleares próximos entre sí. Es justamente la estrategia que venían impulsando los gobiernos de Argentina y Brasil, crear parques nucleares. Pero entonces ocurrió lo de Japón".
El programa nuclear de Argentina solo produce el 7% de la energía eléctrica que se consume.
"Solo el secreto y la desinformación pueden explicar la permanencia de un programa nuclear extremadamente costoso, sin control social y peligroso que produce menos del 7% de la energía eléctrica que se consume en Argentina. A nivel mundial la participación de la energía nuclear en la generación de electricidad es más baja todavía, menos del 6%", sostuvo Montenegro. "Tan poca energía eléctrica ¿justifica los riesgos, la contaminación, los casos de cáncer y las enfermedades genéticas?".
Para mayor información contactar a:
Prof. Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Teléfono fijo: 03543-422236
Teléfono celular: 0351-155 125 637
E-mail: raulmontenegro@flash.com.ar
Encargada de prensa:
Nayla Azzinnari
Teléfono celular: 011-155 460 9860
E-mail: nay_azz@hotmail.com
¡Ongamira Despierta! Es el grito de alerta de vecinos autoconvocados de Córdoba, Argentina, frente a la explotación minera metalífera a cielo abierto, contaminante y saqueante. El movimiento surgió ante la amenaza de explotación en el Valle de Ongamira, un lugar mágico y rico tanto a nivel turístico como arqueológico.
Cómo hace cuatro años, nos seguimos reuniendo en Asamblea para informarnos y debatir un panorama que, no sólo atañe al noroeste cordobés, sino que se repite con desolada continuidad en las nefastas experiencias vividas por nuestros hermanos de Catamarca, San Juan, Chubut, La Rioja, Tucumán y Santa Cruz entre otras provincias de la Argentina y en varios países de América Latina.
El contexto jurídico que regula la actividad minera, heredado de la decada del ’90, tiende únicamente a favorecer el desarrollo de ese sector de la industria en detrimento del patrimonio nacional.
En septiembre de 2008 el pueblo unido logró que se sancione por unanimidad la Ley Provincial 9526 que PROHIBE la MINERÍA METALÍFERA A CIELO ABIERTO en Córdoba. Esta Ley actualmente está amenazada ante un pedido de inconstitucionalidad. Por esto seguiremos Despiertos y Despertando.
¡Ongamira Despierta! dice sí a la vida y a la salud; sí a la preservación del agua y los recursos naturales; sí a la protección del patrimonio cultural y ¡NO A LA MINA!
En este blog encontrará el material necesario para informarse sobre la situación que esta sufriendo Córdoba y el resto de nuestro querido país frente a la amenaza minera.
Cómo hace cuatro años, nos seguimos reuniendo en Asamblea para informarnos y debatir un panorama que, no sólo atañe al noroeste cordobés, sino que se repite con desolada continuidad en las nefastas experiencias vividas por nuestros hermanos de Catamarca, San Juan, Chubut, La Rioja, Tucumán y Santa Cruz entre otras provincias de la Argentina y en varios países de América Latina.
El contexto jurídico que regula la actividad minera, heredado de la decada del ’90, tiende únicamente a favorecer el desarrollo de ese sector de la industria en detrimento del patrimonio nacional.
En septiembre de 2008 el pueblo unido logró que se sancione por unanimidad la Ley Provincial 9526 que PROHIBE la MINERÍA METALÍFERA A CIELO ABIERTO en Córdoba. Esta Ley actualmente está amenazada ante un pedido de inconstitucionalidad. Por esto seguiremos Despiertos y Despertando.
¡Ongamira Despierta! dice sí a la vida y a la salud; sí a la preservación del agua y los recursos naturales; sí a la protección del patrimonio cultural y ¡NO A LA MINA!
En este blog encontrará el material necesario para informarse sobre la situación que esta sufriendo Córdoba y el resto de nuestro querido país frente a la amenaza minera.
DECLARATORIA DE ADHESION A LA DEFENSA DE LA LEY 9526
VIDEOS: Situación minera en Córdoba "MINAS A CORAZÓN ABIERTO"
Historia de una mina de uranio en Córdoba
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martes, 17 de mayo de 2011
lunes, 18 de abril de 2011
La escala ines (rangos de accidentes nucleares)

Como pueden ver, el punto más alto (7) es apenas el principio!
Es como si para un auto, pusieramos del 1 al 6 (raspadura - vidrio rajado - luz rota - apagado de motor, etc) y después ponemos 7: choque
martes, 12 de abril de 2011
El "lobby’ de la energía nuclear en el mundo quiere ocultar el drama que se viene
En el marco de la asamblea anual del RENACE estuvo nuevamente en nuestra ciudad Javier Rodríguez Pardo, integrante del Movimiento Antinuclear de Chubut, quien se refirió a lo que ocurre con las plantas nucleares en Japón y las que están funcionando en el mundo, entre ellas las de nuestro país.
Rodríguez Pardo, antes de referirse a la situación en Japón anunció con alegría que la Facultad de Ciencias Exactas de Mar del Plata rechazó los fondos de la mina ‘La Alumbrera’ dado que consideró que las empresas recurren a las universidades tratando de entregar fondos para poder tener aparentemente el permiso de esta devastación y saqueo que se hace con la minería”
Con respecto a lo que ocurre en Japón, indicó que puso en evidencia la liberación de radiactividad, que se da no sólo en Japón sino en casi todas las plantas nucleares que están funcionando en el mundo. “Algunas ocurren con esta evidencia, en otras trataron de ocultarlo. Nosotros tenemos que decir claramente el ‘lobby’ de esta energía nuclear en el mundo de que manera quiere ocultar el drama que se viene, cuando hablamos de la nube radioactiva, cuando hablamos de la radionucleicos que va a estar con nosotros a perpetuidad”.
Rodríguez Pardo indicó que la radiación es tan sutil como acumulativa y es sumatoria y es lo que está ocurriendo en el planeta va a convivir con nosotros por más de 250.000 años.
Con respecto a las plantas nucleares de nuestro país sostuvo que son obsoletas. La Organización Internacional de Energía considera que después de 25 tienen que ser decomisadas. “No hay forma de trabajar en una planta nuclear después de 25 años, por la radiación, por la fatiga de materiales, por el peligro de tener un reactor funcionando”. Asimismo se preguntó que van a hacer con Atucha y Embalse cuando ya no funcionen los reactores dado que se necesitan cuidados de por vida y no hay ningún lugar en el mundo donde se haya dado una gestión definitiva al reactor.
Javier Rodríguez Pardo manifestó que la diferencia entre los operarios de Fukushima I y los que murieron en Chernobyl es que en Rusia no sabían que iban a morir y en Japón si. En Chernobyl además murieron a las pocas semanas cerca de 8.500 soldados.
Fuente: http://www.cnsaladillo.com.ar/nota.php?noticia=51652
Atucha II, la central nuclear que los Kirchner aún no completaron, y cuyo diseño no cumple normas "pos-Chernobyl"
Apuntes sobre los graves errores de diseño de la central nucleoeléctrica incompleta, con fecha de inauguración dos veces modificada por el Gobierno Nacional [repautada ahora para fines de 2011]. Un desastre nuclear en potencia abundante en episodios de corrupción y desvío de fondos, y donde se agrega el problema de la antigüedad de la ya obsoleta Atucha I. La inversión de la obra ya alcanza los tres mil millones de dólares -de acuerdo a fuentes independientes-, sin verse resultados hasta hoy. Artículo publicado en Perfil.com en septiembre de 2007, y que cobra vigencia a partir de la catástrofe japonesa en Fukushima Daiichi. 16 de Marzo de 2011
Un intenso debate domina la actividad nuclear argentina. Un estudio de la Autoridad Regulatoria Nuclear, hasta ahora confidencial, al que accedió PERFIL, advierte que la demorada central atómica de Atucha II tiene dificultades de diseño en materia de seguridad, ya que no asume la experiencia dejada por el accidente de Chernobyl en 1986. El diseño de la central, cuyas obras fueron puestas nuevamente en marcha por el presidente Kirchner, es anterior al accidente, y nadie se hace cargo de reformar el proyecto. Hacerlo superaría el presupuesto de US$ 700 millones. Escándalo internacional.
No siempre alcanza con la decisión política para que un proyecto llegue a buen puerto. Más aún si se trata de una cuestión tan delicada como la energía atómica. A pesar de que el Gobierno nacional tiene el propósito de inaugurar hacia 2010 Atucha II, la tercera central nuclear argentina, después de Atucha I y Embalse de Río Tercero, existe una serie de problemas técnicos. Un informe interno de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) señala puntos oscuros que impedirían su funcionamiento de acuerdo a las normas internacionales de seguridad establecidas después del accidente en Chernobyl, en abril de 1986.
La ARN es el organismo que decide sobre qué se puede hacer y qué no en el área. El memorando en cuestión fue elaborado el 11 de abril de este año y generó una serie de respuestas de parte de la empresa estatal que maneja las centrales, Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima (NaSa). Pero nada en concreto sobre el fondo de la cuestión.
El problema fundamental de Atucha II es que fue diseñada en los 70 y que se comenzó a construir en 1980. Treinta años después, la Argentina aún no pudo terminar las obras, ya que estuvo totalmente paralizada entre 1984 y 1992, y desde 1994 hasta la asunción de Néstor Kirchner.
El diseño actual no contempla qué sucedería si uno de los caños que llevan combustible radiactivo se rompiera enteramente. Apenas si tiene en cuenta un daño del 10% de la superficie, uno de los puntos aggiornados por la normativa internacional desde el diseño original.
“Con el correr de los años, y después de Chernobyl, la IAEA, el ente internacional que regula la actividad, se puso mucho más exigente. Salvo que haya presiones en la ARN es imposible que se apruebe”, relató un especialista del área refiriendo a las obras en curso.
“Si se rompe un caño se vacía el ‘tacho’ o recipiente de presión de la central, que está cargado con agua pesada. Lo peor que podría pasar es que se saliera todo el combustible gasificado.” En síntesis, hay normas que hoy no se están cumpliendo.
Mutis. Y eso lleva a un problema anexo: en el caso de rediseñar la central, habría que buscar quién lo haga. Siemens, empresa que realizó el mentado diseño original, ya casi no se dedica a temas nucleares. Y NaSa jamás hizo algo así. “NaSa no está en condiciones de rediseñarla”, dijo una fuente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), en estricto off the record.
“Así como está diseñada, Atucha II no podría funcionar ni en Canadá, ni en Alemania, ni en los EE.UU.”, enumeró otro técnico. Y agregó que los problemas de seguridad son numerosos y van más allá de lo señalado en el informe de la ARN. “El principal es el extrañísimo sistema de apagado: comienza a apagarse pero luego se inicia de nuevo... es muy raro, como un freno que frena pero sólo un poco. Hace falta otro sistema”, recalcó.
Los expertos se quejan de que no son oídos sus dictámenes. Y afirman: “Otro problema es que, en vez de cambiar el sistema, siguen avanzando (en la construcción). Las autoridades de la CNEA y de NaSa convencieron al Gobierno de que se puede seguir construyendo así, pero lo cierto es que muchos profesionales ya advertimos de este problema. Además, se nos presiona laboralmente para que dejemos de hablar del tema”.
No sólo los científicos locales son afectados, en una situación que algunos ya comparan con la de los empleados del INDEC. Se ha presionado a disertantes extranjeros. “Vinieron expertos de los EE.UU., y cuando plantearon sus dudas les cortaron la presentación: fue a fines de 2006 en un seminario de NaSa. Por suerte la ARN no entró en este juego”, contó otra fuente. La situación es delicada para los expertos de la CNEA, lo que también explica que prefieran no dar a conocer públicamente sus nombres. Y es entendible: ¿De qué podría trabajar un físico nuclear argentino en su país sino allí?
Voz oficial. El informe de la ARN también expresa la urgencia con que se necesita un rediseño de Atucha II en vista de estos problemas. Pero no hay a la vista ninguna empresa con experiencia que pueda hacerlo.
Respecto del hipotético pedido de NaSa para hacerse cargo de ese rediseño, Nicolás Riga, responsable en la ARN para la licencia de Atucha II, aseguró: “No creo siquiera que se atrevan a pedir semejante cosa”. Y fue claro: “Deberán buscar a alguien competente para que lo haga. Si no, nosotros o en última instancia la IAEA impediremos que comience a funcionar”.
De todos modos, Riga remarcó que todavía se está a tiempo de tomar decisiones correctas. “Son cosas factibles de hacer”, minimizó. “Pero requieren un amplio replanteo y de más presupuesto. Hace casi un año se le informó a NaSa de los estándares actuales de seguridad.”
Y no es todo lo que sucede en el avispero nuclear. Además de las acusaciones cruzadas sobre supuestas mafias, hay al menos cuatro causas penales instruidas por jueces federales, en relación con manejos de fondos por parte de Dioxitek, la empresa que administra el combustible para las centrales, cuyos responsables no quisieron hablar.
PERFIL buscó también a los representantes de NaSa para que expresaran sus puntos de vista. Su presidente, Eduardo Messi, atendió su celular desde China, pero se excusó de opinar diciendo que estaba descansando (era la madrugada local). En tanto que José Luis Antúnez, su vicepresidente, tampoco respondió los llamados de este diario.
Es que la decisión política de finalizar la central para sumar megawatts al endeble sistema eléctrico nacional hizo que un notable flujo de dinero se destinara eso. Algo que llevó a un nuevo inconveniente. Según informes reservados (corroborados por científicos que hablaron con PERFIL), los US$ 700 millones presupuestados no alcanzarían para finalizar la obra. Ni siquiera en las precarias condiciones actuales. El mismo informe, de una firma francesa, señaló la necesidad de revisar aspectos del núcleo del reactor (además de insistir sobre la seguridad).
“En la CNEA hay malestar y mal manejo, con grandes conflictos entre el presidente (José Abriatta) y el gerente general (Rubén Calabrese)”, explican los técnicos citados. “El tema es que lo más barato es terminar la central tal cual fue diseñada. Sería mucho más caro cambiar componentes y equipos. Por lo menos un 50% más.” Y se preguntan: “¿Por qué seguir con una construcción que tarde o temprano deberá replantearse?”.
Por Martin de Ambrosio / Alfredo Ves Losada - Perfil.com
Publicado el 2 de septiembre de 2007
Web: http://www.perfil.com/
http://www.elojodigital.com/contenido/9630-atucha-ii-la-central-nuclear-que-los-kirchner-aun-no-completaron-y-cuyo-diseno-no-cum
Rodríguez Pardo, antes de referirse a la situación en Japón anunció con alegría que la Facultad de Ciencias Exactas de Mar del Plata rechazó los fondos de la mina ‘La Alumbrera’ dado que consideró que las empresas recurren a las universidades tratando de entregar fondos para poder tener aparentemente el permiso de esta devastación y saqueo que se hace con la minería”
Con respecto a lo que ocurre en Japón, indicó que puso en evidencia la liberación de radiactividad, que se da no sólo en Japón sino en casi todas las plantas nucleares que están funcionando en el mundo. “Algunas ocurren con esta evidencia, en otras trataron de ocultarlo. Nosotros tenemos que decir claramente el ‘lobby’ de esta energía nuclear en el mundo de que manera quiere ocultar el drama que se viene, cuando hablamos de la nube radioactiva, cuando hablamos de la radionucleicos que va a estar con nosotros a perpetuidad”.
Rodríguez Pardo indicó que la radiación es tan sutil como acumulativa y es sumatoria y es lo que está ocurriendo en el planeta va a convivir con nosotros por más de 250.000 años.
Con respecto a las plantas nucleares de nuestro país sostuvo que son obsoletas. La Organización Internacional de Energía considera que después de 25 tienen que ser decomisadas. “No hay forma de trabajar en una planta nuclear después de 25 años, por la radiación, por la fatiga de materiales, por el peligro de tener un reactor funcionando”. Asimismo se preguntó que van a hacer con Atucha y Embalse cuando ya no funcionen los reactores dado que se necesitan cuidados de por vida y no hay ningún lugar en el mundo donde se haya dado una gestión definitiva al reactor.
Javier Rodríguez Pardo manifestó que la diferencia entre los operarios de Fukushima I y los que murieron en Chernobyl es que en Rusia no sabían que iban a morir y en Japón si. En Chernobyl además murieron a las pocas semanas cerca de 8.500 soldados.
Fuente: http://www.cnsaladillo.com.ar/nota.php?noticia=51652
Atucha II, la central nuclear que los Kirchner aún no completaron, y cuyo diseño no cumple normas "pos-Chernobyl"
Apuntes sobre los graves errores de diseño de la central nucleoeléctrica incompleta, con fecha de inauguración dos veces modificada por el Gobierno Nacional [repautada ahora para fines de 2011]. Un desastre nuclear en potencia abundante en episodios de corrupción y desvío de fondos, y donde se agrega el problema de la antigüedad de la ya obsoleta Atucha I. La inversión de la obra ya alcanza los tres mil millones de dólares -de acuerdo a fuentes independientes-, sin verse resultados hasta hoy. Artículo publicado en Perfil.com en septiembre de 2007, y que cobra vigencia a partir de la catástrofe japonesa en Fukushima Daiichi. 16 de Marzo de 2011
Un intenso debate domina la actividad nuclear argentina. Un estudio de la Autoridad Regulatoria Nuclear, hasta ahora confidencial, al que accedió PERFIL, advierte que la demorada central atómica de Atucha II tiene dificultades de diseño en materia de seguridad, ya que no asume la experiencia dejada por el accidente de Chernobyl en 1986. El diseño de la central, cuyas obras fueron puestas nuevamente en marcha por el presidente Kirchner, es anterior al accidente, y nadie se hace cargo de reformar el proyecto. Hacerlo superaría el presupuesto de US$ 700 millones. Escándalo internacional.
No siempre alcanza con la decisión política para que un proyecto llegue a buen puerto. Más aún si se trata de una cuestión tan delicada como la energía atómica. A pesar de que el Gobierno nacional tiene el propósito de inaugurar hacia 2010 Atucha II, la tercera central nuclear argentina, después de Atucha I y Embalse de Río Tercero, existe una serie de problemas técnicos. Un informe interno de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) señala puntos oscuros que impedirían su funcionamiento de acuerdo a las normas internacionales de seguridad establecidas después del accidente en Chernobyl, en abril de 1986.
La ARN es el organismo que decide sobre qué se puede hacer y qué no en el área. El memorando en cuestión fue elaborado el 11 de abril de este año y generó una serie de respuestas de parte de la empresa estatal que maneja las centrales, Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima (NaSa). Pero nada en concreto sobre el fondo de la cuestión.
El problema fundamental de Atucha II es que fue diseñada en los 70 y que se comenzó a construir en 1980. Treinta años después, la Argentina aún no pudo terminar las obras, ya que estuvo totalmente paralizada entre 1984 y 1992, y desde 1994 hasta la asunción de Néstor Kirchner.
El diseño actual no contempla qué sucedería si uno de los caños que llevan combustible radiactivo se rompiera enteramente. Apenas si tiene en cuenta un daño del 10% de la superficie, uno de los puntos aggiornados por la normativa internacional desde el diseño original.
“Con el correr de los años, y después de Chernobyl, la IAEA, el ente internacional que regula la actividad, se puso mucho más exigente. Salvo que haya presiones en la ARN es imposible que se apruebe”, relató un especialista del área refiriendo a las obras en curso.
“Si se rompe un caño se vacía el ‘tacho’ o recipiente de presión de la central, que está cargado con agua pesada. Lo peor que podría pasar es que se saliera todo el combustible gasificado.” En síntesis, hay normas que hoy no se están cumpliendo.
Mutis. Y eso lleva a un problema anexo: en el caso de rediseñar la central, habría que buscar quién lo haga. Siemens, empresa que realizó el mentado diseño original, ya casi no se dedica a temas nucleares. Y NaSa jamás hizo algo así. “NaSa no está en condiciones de rediseñarla”, dijo una fuente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), en estricto off the record.
“Así como está diseñada, Atucha II no podría funcionar ni en Canadá, ni en Alemania, ni en los EE.UU.”, enumeró otro técnico. Y agregó que los problemas de seguridad son numerosos y van más allá de lo señalado en el informe de la ARN. “El principal es el extrañísimo sistema de apagado: comienza a apagarse pero luego se inicia de nuevo... es muy raro, como un freno que frena pero sólo un poco. Hace falta otro sistema”, recalcó.
Los expertos se quejan de que no son oídos sus dictámenes. Y afirman: “Otro problema es que, en vez de cambiar el sistema, siguen avanzando (en la construcción). Las autoridades de la CNEA y de NaSa convencieron al Gobierno de que se puede seguir construyendo así, pero lo cierto es que muchos profesionales ya advertimos de este problema. Además, se nos presiona laboralmente para que dejemos de hablar del tema”.
No sólo los científicos locales son afectados, en una situación que algunos ya comparan con la de los empleados del INDEC. Se ha presionado a disertantes extranjeros. “Vinieron expertos de los EE.UU., y cuando plantearon sus dudas les cortaron la presentación: fue a fines de 2006 en un seminario de NaSa. Por suerte la ARN no entró en este juego”, contó otra fuente. La situación es delicada para los expertos de la CNEA, lo que también explica que prefieran no dar a conocer públicamente sus nombres. Y es entendible: ¿De qué podría trabajar un físico nuclear argentino en su país sino allí?
Voz oficial. El informe de la ARN también expresa la urgencia con que se necesita un rediseño de Atucha II en vista de estos problemas. Pero no hay a la vista ninguna empresa con experiencia que pueda hacerlo.
Respecto del hipotético pedido de NaSa para hacerse cargo de ese rediseño, Nicolás Riga, responsable en la ARN para la licencia de Atucha II, aseguró: “No creo siquiera que se atrevan a pedir semejante cosa”. Y fue claro: “Deberán buscar a alguien competente para que lo haga. Si no, nosotros o en última instancia la IAEA impediremos que comience a funcionar”.
De todos modos, Riga remarcó que todavía se está a tiempo de tomar decisiones correctas. “Son cosas factibles de hacer”, minimizó. “Pero requieren un amplio replanteo y de más presupuesto. Hace casi un año se le informó a NaSa de los estándares actuales de seguridad.”
Y no es todo lo que sucede en el avispero nuclear. Además de las acusaciones cruzadas sobre supuestas mafias, hay al menos cuatro causas penales instruidas por jueces federales, en relación con manejos de fondos por parte de Dioxitek, la empresa que administra el combustible para las centrales, cuyos responsables no quisieron hablar.
PERFIL buscó también a los representantes de NaSa para que expresaran sus puntos de vista. Su presidente, Eduardo Messi, atendió su celular desde China, pero se excusó de opinar diciendo que estaba descansando (era la madrugada local). En tanto que José Luis Antúnez, su vicepresidente, tampoco respondió los llamados de este diario.
Es que la decisión política de finalizar la central para sumar megawatts al endeble sistema eléctrico nacional hizo que un notable flujo de dinero se destinara eso. Algo que llevó a un nuevo inconveniente. Según informes reservados (corroborados por científicos que hablaron con PERFIL), los US$ 700 millones presupuestados no alcanzarían para finalizar la obra. Ni siquiera en las precarias condiciones actuales. El mismo informe, de una firma francesa, señaló la necesidad de revisar aspectos del núcleo del reactor (además de insistir sobre la seguridad).
“En la CNEA hay malestar y mal manejo, con grandes conflictos entre el presidente (José Abriatta) y el gerente general (Rubén Calabrese)”, explican los técnicos citados. “El tema es que lo más barato es terminar la central tal cual fue diseñada. Sería mucho más caro cambiar componentes y equipos. Por lo menos un 50% más.” Y se preguntan: “¿Por qué seguir con una construcción que tarde o temprano deberá replantearse?”.
Por Martin de Ambrosio / Alfredo Ves Losada - Perfil.com
Publicado el 2 de septiembre de 2007
Web: http://www.perfil.com/
http://www.elojodigital.com/contenido/9630-atucha-ii-la-central-nuclear-que-los-kirchner-aun-no-completaron-y-cuyo-diseno-no-cum
sábado, 9 de abril de 2011
GLACIARES: EL IANIGLA SE APRESURA A ACOMODAR LAS CARGAS A FAVOR DE LA MEGAMINERÍA
Amigos: Hoy estoy de nuevo con mi prédica geológica que parece insuficiente para horadar la piedra de las cabezas y bolsillos de nuestros funcionarios sean estos gobernadores, senadores, diputados, secretarios de estado etc.
Despues de leer las mentiras del IANIGLA que quiere disfrazarlas desde la cómoda posición de recintos donde se entronizaría la sabiduría?, me dije que había que salir a desenmascararlos, sable en mano, como otrora y al grito de que toquen a degüello.
Un fuerte abrazo
Carlos Seara
SI SEGUIMOS ASÍ, LLEGAMOS TARDE
EL IANIGLA SE APRESURA A ACOMODAR LAS CARGAS A FAVOR DE LA MEGAMINERÍA
La Ley de glaciares y ambiente periglacial se encuentra encerrada por un círculo que la asfixia igual que el veto presidencial del 2008, claro que con mayores sutilezas que las de aquél.
PRUEBAS MÁS QUE SUFICIENTES:
1.- Falta de presupuesto para el organismo ejecutor del inventario.
2.- No reglamentación del art. 15 de la ley (180 días para las auditorías a
las actividades prohibidas que están en funcionamiento y plazo
vencido para el inventario en las zonas prioritarias).
3.- Designación en la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo
Sustentable de la Nación del Sr. Juan José Mussi, un improvisado en la
materia.
4.- Aceptar que un juez sanjuanino Dr. Miguel Angel Galvez hiciera
lugar a suspender la vigencia de la ley 26639 a instancias de las
cámaras mineras, argumentando que los recursos naturales
pertenecen a las provincias.
5.- Y ahora esto originado en el IANIGLA, tratando de aportar una
justificación que partiendo del ámbito científico – profesional,
resulte inobjetable.
A continuación se transcribe el texto del IANIGLA y finalmente aporto
mi reflexión sobre el particular.
AMBIENTE PERIGLACIAL (IANIGLA-CONICET)
Se puede decir que lo primero que se interpreta, a partir de una análisis etimológico, es que el término periglacial significa alrededor: “o en cercanía de un glaciar o de procesos glaciarios” (peri = alrededor, cerca de, y glacial = adjetivo, relacionado a la presencia de o la acción de los glac...iares). Aunque sin dudas éste es un análisis válido, como pasa con otros términos científicos, realizar sólo esta interpretación es incorrecto ya que muy comúnmente los términos van evolucionado, enriqueciéndose o cambiando el significado central invocando nuevas ideas pero manteniendo raíces originales. Éste es el caso de la palabra “periglacial”, cuyo significado fue cambiando a lo largo de los años. En 1909, cuando se acuñó este término, “ambiente periglacial” estaba relacionado con el paisaje y el clima en los alrededores del manto de hielo escandinavo, que cubrió gran parte del norte de Europa durante el Pleistoceno.
Hoy en día, existen diferentes criterios, algunos más arbitrarios, otros más cuantitativos, para definir lo que llamamos “ambiente periglacial”. La elección de estos criterios depende en general de los datos disponibles y del objetivo que se persigue. Por ejemplo, no es lo mismo definir un ambiente a escala local (un par de kilómetros) que a una escala regional (decenas a cientos de kilómetros) donde ya se habla de paisaje y no de ambiente.
El Ambiente Periglacial en la Cordillera de los Andes
El ambiente periglacial a escala regional en la Cordillera de los Andes, se desarrolla en la alta montaña, asociado principalmente al efecto que tiene la topografía, de esta inmensa masa montañosa, sobre la temperatura, radiación solar y circulación de las masas de aire, a escala global. En forma general el ambiente periglacial se puede definir como un ambiente de clima frío, no glaciario, el cual se encuentra por encima del límite del bosque, si es que éste existe, y que está caracterizado por:
• Ocurrencia de suelo congelado permanente o permafrost.
• Dominio de los ciclos de congelamiento y descongelamiento que afectan a las rocas y a la parte superior del suelo, y de procesos periglaciales formadores de crioformas.
Si bien para algunos autores del Hemisferio Norte el permafrost no representa un elemento sine qua non del ambiente periglacial, sí lo es para los geocriólogos que trabajan en la Cordillera de los Andes, y por ello debe mencionarse y especificarse claramente.
Desde la unidad de Geocriología del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) se sostiene que en la Cordillera de los Andes, el ambiente periglacial tiene que contener suelos congelados permanentes de montaña, ya que, si bien existen zonas “periglaciales” donde se desarrollan procesos asociados al congelamiento y descongelamiento diario o estacional, éstos no modifican de gran manera el paisaje, como sí se observa en las áreas en donde existe o existieron suelos congelados permanentes.
Por lo tanto, el ambiente periglacial en los Andes está definido no sólo por un clima frío bajo cero, sino también por procesos y características geomorfológicas, como son la presencia de suelos congelados permanentes y la acción intensa de los ciclos de congelamiento y descongelamiento.Ver más
Dice el IANIGLA que términos como “periglacial”, ha cambiado “el significado central invocando nuevas ideas pero manteniendo las raíces originales”. Este es un juego de palabras sutiles que al lector desinformado lo llevan a confusión pues le hacen aparecer “ideas nuevas” cuando el comportamiento de la naturaleza opera como una matriz única que trasladada en el tiempo, en el espacio y en la escala, siempre representa y define lo mismo; el ambiente periglacial, como cualquier otro, se rige por patrones inamovibles dentro de cierto entorno y desde que la Geomorfología clasificó los distintos ambientes, no se ha cambiado el significado central, no se introdujeron nuevas ideas, ni se encorcetó el espacio a una cuestión de escala.
El IANIGLA parece que actualmente, se dedica de manera caprichosa, a interpretar aspectos de la Geomorfología como si los mismos fueran dependientes de la superficie de ocurrencia o de la ubicación geográfica (Hemisferios Norte o Sur), cuando todos los ambientes y sus derivaciones morfoclimáticas son dependientes de ubicaciones latitudinales y altitudinales. Los aportes efectuados por la unidad de Geocriología del IANIGLA en cuanto al ambiente periglacial en la Cordillera, no se ajustan a lo preceptuado por la Geomorfología y sus insignes investigadores. No existe manual alguno donde la escala sea determinante para aplicar un término: la escala local no invalida, por sí una definición. Sería como decir que un cubo o una barra de hielo no son tales, por una cuestión de escala, si se lo compara con el hielo de un glaciar. El tamaño o la dimensión, a nada ni a nadie le hace perder la esencia.
En su informe el IANIGLA al referirse al ambiente periglacial dice: “que se puede definir como un ambiente de clima frío, no glaciario el cual se encuentra por encima del límite del bosque. Parecería que los investigadores del IANIGLA propician ese límite y lo dan como verdadero cuando hay múltiples ejemplos en contrario tal el caso de la mina de carbón de Río Turbio en nuestra provincia de Santa Cruz (la mina se emplaza en pleno ambiente periglacial y en la zona de desarrollo del bosque de Notofagus, “falsas hayas”: ñires, coihues, roble pellín, raulí, etc), la biliografía siempre menciona a las regiones bajas y boscosas de la Siberia oriental. El límite del bosque suele marcar casi siempre el límite del ambiente periglacial, pero no es excluyente y para certificar que las excepciones son válidas, vayan los ejemplos expuestos.
Cuando se hace referencia a que la nueva nomenclatura admite utilizar paisaje en reemplazo de ambiente, creo que se comete un error histórico lingüistico de proporciones al interpretar, por la apreciación del IANIGLA, que “paisaje” es un término nuevo. “Paisaje” procede del lenguaje común y su antecedente en las lenguas románicas deviene del latín “pagus” que significa pais con el sentido de lugar, sector territorial. De este vocablo derivan: paisaje (castellano); paisatge (catalán); paisaxe (gallego); paisana (euskaro); paysage (francés); paesaggio (italiano). El significado de espacio territorial, medianamente definido, se enlaza con el momento de aparición de las lenguas vernáculas y esta acepción originaria, con ciertas precisiones es válida actualmente.
En el siglo XV aparece una segunda acepción derivada de las artes pictóricas. Pretendo con este comentario advertir la antigüedad del vocablo.
Estimo que la utilización del término por el IANIGLA es poco feliz por regresarnos en el tiempo a definiciones imprecisas que lejos de aclarar confunden a propios y extraños, a no ser que esa sea la verdadera intención.
Definir el ambiente periglacial solo por la presencia de suelo congelado permanente y por la acción de ciclos de congelamiento y descongelamiento, es limitar al máximo el dominio periglacial; nada se dice de la acción del viento, de la influencia de la nieve o del agua de lluvia cuando la isoterma de los 0º grados se eleva más allá de su límite habitual, de las variaciones de temperatura tanto estacionales como diarias, de la presencia de vegetación, de la influencia topográfica y relieve en cuanto a su posicionamiento respecto de los rayos solares.
ADONDE SE APUNTA CON TODAS ESTAS ACCIONES?
Todas tienen una intencionalidad manifiesta: dilatar la puesta en vigencia de la ley 26639, con ello se gana tiempo en trámites de concesión y especialmente en exploración de yacimientos donde se actúa con total impunidad. Nadie que no sea de las compañías mineras o sus subcontratistas conocen como están actuando en las zonas de operaciones, pero a juzgar por las zancadillas que le ponen a la ley, desde distintos ámbitos, es de imaginar que todo es posible
Hay una cuestión que se concatena perfectamente: la exploración se realiza mediante la ejecución de perforaciones que en las zonas periglaciales siempre se adentran en el suelo congelado o permafrost con un resultado nefasto para la permanencia de éste, -recuérdese aquí lo que dice el IANIGLA respecto de lo local y lo regional-.
Las perforaciones no se remedian quedando abiertas y sujetas a que a través de ellas interaccionen la presión atmosférica y las condiciones climáticas de superficie, con el permafrost de la profundidad. La temperatura y la presión juegan un papel trascendente modificando las condiciones del confinamiento del permafrost al momento de su consolidación seguramente, a comienzos del Cuaternario.
La Física nos enseña que cuando se ponen en contacto dos medios o sustancias de distinta temperatura, estas interactúan conformando lo que se denomina “punto eutéctico” (el más caliente se enfría, y el más frío se calienta) encontrándose el equilibrio a partir de la semisuma de los grados de ambos medios.
Considerando las temperaturas de consolidación del permafrost y las del ambiente periglacial de superficie, la variación de la temperatura en el permafrost vendría dada por un aumento de aproximadamente 4,5º para el invierno y de 8,5º para el verano.
Una exploración como la de Pachón habría estimado una cantidad cercana a las 2000 perforaciones de 200 mts. cada una, frente a tamaña intervención se puede asegurar que la desaparición del permafrost es una cuestión de tiempo y en previsión de ello el IANIGLA ya tiene preparado el argumento científico (local y regional) con el cual avanzar sobre el ambiente periglacial gambeteando lo especificado por la ley.
CONCLUSIÓN
La situación reviste características gravísimas, si las entidades del poder ciudadano no actúan de inmediato, nos quedamos sin Cordillera y sin agua.
Carlos A. Seara
Geólogo
Despues de leer las mentiras del IANIGLA que quiere disfrazarlas desde la cómoda posición de recintos donde se entronizaría la sabiduría?, me dije que había que salir a desenmascararlos, sable en mano, como otrora y al grito de que toquen a degüello.
Un fuerte abrazo
Carlos Seara
SI SEGUIMOS ASÍ, LLEGAMOS TARDE
EL IANIGLA SE APRESURA A ACOMODAR LAS CARGAS A FAVOR DE LA MEGAMINERÍA
La Ley de glaciares y ambiente periglacial se encuentra encerrada por un círculo que la asfixia igual que el veto presidencial del 2008, claro que con mayores sutilezas que las de aquél.
PRUEBAS MÁS QUE SUFICIENTES:
1.- Falta de presupuesto para el organismo ejecutor del inventario.
2.- No reglamentación del art. 15 de la ley (180 días para las auditorías a
las actividades prohibidas que están en funcionamiento y plazo
vencido para el inventario en las zonas prioritarias).
3.- Designación en la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo
Sustentable de la Nación del Sr. Juan José Mussi, un improvisado en la
materia.
4.- Aceptar que un juez sanjuanino Dr. Miguel Angel Galvez hiciera
lugar a suspender la vigencia de la ley 26639 a instancias de las
cámaras mineras, argumentando que los recursos naturales
pertenecen a las provincias.
5.- Y ahora esto originado en el IANIGLA, tratando de aportar una
justificación que partiendo del ámbito científico – profesional,
resulte inobjetable.
A continuación se transcribe el texto del IANIGLA y finalmente aporto
mi reflexión sobre el particular.
AMBIENTE PERIGLACIAL (IANIGLA-CONICET)
Se puede decir que lo primero que se interpreta, a partir de una análisis etimológico, es que el término periglacial significa alrededor: “o en cercanía de un glaciar o de procesos glaciarios” (peri = alrededor, cerca de, y glacial = adjetivo, relacionado a la presencia de o la acción de los glac...iares). Aunque sin dudas éste es un análisis válido, como pasa con otros términos científicos, realizar sólo esta interpretación es incorrecto ya que muy comúnmente los términos van evolucionado, enriqueciéndose o cambiando el significado central invocando nuevas ideas pero manteniendo raíces originales. Éste es el caso de la palabra “periglacial”, cuyo significado fue cambiando a lo largo de los años. En 1909, cuando se acuñó este término, “ambiente periglacial” estaba relacionado con el paisaje y el clima en los alrededores del manto de hielo escandinavo, que cubrió gran parte del norte de Europa durante el Pleistoceno.
Hoy en día, existen diferentes criterios, algunos más arbitrarios, otros más cuantitativos, para definir lo que llamamos “ambiente periglacial”. La elección de estos criterios depende en general de los datos disponibles y del objetivo que se persigue. Por ejemplo, no es lo mismo definir un ambiente a escala local (un par de kilómetros) que a una escala regional (decenas a cientos de kilómetros) donde ya se habla de paisaje y no de ambiente.
El Ambiente Periglacial en la Cordillera de los Andes
El ambiente periglacial a escala regional en la Cordillera de los Andes, se desarrolla en la alta montaña, asociado principalmente al efecto que tiene la topografía, de esta inmensa masa montañosa, sobre la temperatura, radiación solar y circulación de las masas de aire, a escala global. En forma general el ambiente periglacial se puede definir como un ambiente de clima frío, no glaciario, el cual se encuentra por encima del límite del bosque, si es que éste existe, y que está caracterizado por:
• Ocurrencia de suelo congelado permanente o permafrost.
• Dominio de los ciclos de congelamiento y descongelamiento que afectan a las rocas y a la parte superior del suelo, y de procesos periglaciales formadores de crioformas.
Si bien para algunos autores del Hemisferio Norte el permafrost no representa un elemento sine qua non del ambiente periglacial, sí lo es para los geocriólogos que trabajan en la Cordillera de los Andes, y por ello debe mencionarse y especificarse claramente.
Desde la unidad de Geocriología del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) se sostiene que en la Cordillera de los Andes, el ambiente periglacial tiene que contener suelos congelados permanentes de montaña, ya que, si bien existen zonas “periglaciales” donde se desarrollan procesos asociados al congelamiento y descongelamiento diario o estacional, éstos no modifican de gran manera el paisaje, como sí se observa en las áreas en donde existe o existieron suelos congelados permanentes.
Por lo tanto, el ambiente periglacial en los Andes está definido no sólo por un clima frío bajo cero, sino también por procesos y características geomorfológicas, como son la presencia de suelos congelados permanentes y la acción intensa de los ciclos de congelamiento y descongelamiento.Ver más
Dice el IANIGLA que términos como “periglacial”, ha cambiado “el significado central invocando nuevas ideas pero manteniendo las raíces originales”. Este es un juego de palabras sutiles que al lector desinformado lo llevan a confusión pues le hacen aparecer “ideas nuevas” cuando el comportamiento de la naturaleza opera como una matriz única que trasladada en el tiempo, en el espacio y en la escala, siempre representa y define lo mismo; el ambiente periglacial, como cualquier otro, se rige por patrones inamovibles dentro de cierto entorno y desde que la Geomorfología clasificó los distintos ambientes, no se ha cambiado el significado central, no se introdujeron nuevas ideas, ni se encorcetó el espacio a una cuestión de escala.
El IANIGLA parece que actualmente, se dedica de manera caprichosa, a interpretar aspectos de la Geomorfología como si los mismos fueran dependientes de la superficie de ocurrencia o de la ubicación geográfica (Hemisferios Norte o Sur), cuando todos los ambientes y sus derivaciones morfoclimáticas son dependientes de ubicaciones latitudinales y altitudinales. Los aportes efectuados por la unidad de Geocriología del IANIGLA en cuanto al ambiente periglacial en la Cordillera, no se ajustan a lo preceptuado por la Geomorfología y sus insignes investigadores. No existe manual alguno donde la escala sea determinante para aplicar un término: la escala local no invalida, por sí una definición. Sería como decir que un cubo o una barra de hielo no son tales, por una cuestión de escala, si se lo compara con el hielo de un glaciar. El tamaño o la dimensión, a nada ni a nadie le hace perder la esencia.
En su informe el IANIGLA al referirse al ambiente periglacial dice: “que se puede definir como un ambiente de clima frío, no glaciario el cual se encuentra por encima del límite del bosque. Parecería que los investigadores del IANIGLA propician ese límite y lo dan como verdadero cuando hay múltiples ejemplos en contrario tal el caso de la mina de carbón de Río Turbio en nuestra provincia de Santa Cruz (la mina se emplaza en pleno ambiente periglacial y en la zona de desarrollo del bosque de Notofagus, “falsas hayas”: ñires, coihues, roble pellín, raulí, etc), la biliografía siempre menciona a las regiones bajas y boscosas de la Siberia oriental. El límite del bosque suele marcar casi siempre el límite del ambiente periglacial, pero no es excluyente y para certificar que las excepciones son válidas, vayan los ejemplos expuestos.
Cuando se hace referencia a que la nueva nomenclatura admite utilizar paisaje en reemplazo de ambiente, creo que se comete un error histórico lingüistico de proporciones al interpretar, por la apreciación del IANIGLA, que “paisaje” es un término nuevo. “Paisaje” procede del lenguaje común y su antecedente en las lenguas románicas deviene del latín “pagus” que significa pais con el sentido de lugar, sector territorial. De este vocablo derivan: paisaje (castellano); paisatge (catalán); paisaxe (gallego); paisana (euskaro); paysage (francés); paesaggio (italiano). El significado de espacio territorial, medianamente definido, se enlaza con el momento de aparición de las lenguas vernáculas y esta acepción originaria, con ciertas precisiones es válida actualmente.
En el siglo XV aparece una segunda acepción derivada de las artes pictóricas. Pretendo con este comentario advertir la antigüedad del vocablo.
Estimo que la utilización del término por el IANIGLA es poco feliz por regresarnos en el tiempo a definiciones imprecisas que lejos de aclarar confunden a propios y extraños, a no ser que esa sea la verdadera intención.
Definir el ambiente periglacial solo por la presencia de suelo congelado permanente y por la acción de ciclos de congelamiento y descongelamiento, es limitar al máximo el dominio periglacial; nada se dice de la acción del viento, de la influencia de la nieve o del agua de lluvia cuando la isoterma de los 0º grados se eleva más allá de su límite habitual, de las variaciones de temperatura tanto estacionales como diarias, de la presencia de vegetación, de la influencia topográfica y relieve en cuanto a su posicionamiento respecto de los rayos solares.
ADONDE SE APUNTA CON TODAS ESTAS ACCIONES?
Todas tienen una intencionalidad manifiesta: dilatar la puesta en vigencia de la ley 26639, con ello se gana tiempo en trámites de concesión y especialmente en exploración de yacimientos donde se actúa con total impunidad. Nadie que no sea de las compañías mineras o sus subcontratistas conocen como están actuando en las zonas de operaciones, pero a juzgar por las zancadillas que le ponen a la ley, desde distintos ámbitos, es de imaginar que todo es posible
Hay una cuestión que se concatena perfectamente: la exploración se realiza mediante la ejecución de perforaciones que en las zonas periglaciales siempre se adentran en el suelo congelado o permafrost con un resultado nefasto para la permanencia de éste, -recuérdese aquí lo que dice el IANIGLA respecto de lo local y lo regional-.
Las perforaciones no se remedian quedando abiertas y sujetas a que a través de ellas interaccionen la presión atmosférica y las condiciones climáticas de superficie, con el permafrost de la profundidad. La temperatura y la presión juegan un papel trascendente modificando las condiciones del confinamiento del permafrost al momento de su consolidación seguramente, a comienzos del Cuaternario.
La Física nos enseña que cuando se ponen en contacto dos medios o sustancias de distinta temperatura, estas interactúan conformando lo que se denomina “punto eutéctico” (el más caliente se enfría, y el más frío se calienta) encontrándose el equilibrio a partir de la semisuma de los grados de ambos medios.
Considerando las temperaturas de consolidación del permafrost y las del ambiente periglacial de superficie, la variación de la temperatura en el permafrost vendría dada por un aumento de aproximadamente 4,5º para el invierno y de 8,5º para el verano.
Una exploración como la de Pachón habría estimado una cantidad cercana a las 2000 perforaciones de 200 mts. cada una, frente a tamaña intervención se puede asegurar que la desaparición del permafrost es una cuestión de tiempo y en previsión de ello el IANIGLA ya tiene preparado el argumento científico (local y regional) con el cual avanzar sobre el ambiente periglacial gambeteando lo especificado por la ley.
CONCLUSIÓN
La situación reviste características gravísimas, si las entidades del poder ciudadano no actúan de inmediato, nos quedamos sin Cordillera y sin agua.
Carlos A. Seara
Geólogo
lunes, 4 de abril de 2011
NO a las plantas nucleares
28/03/11 Por Gustavo Portocarrero Valda*
Un reactor nuclear produce energía eléctrica limpia y no empeora el calentamiento terrestre, porque no usa combustible fósil alguno (petróleo ni carbón). Tampoco atenta contra los ecosistemas porque no precisa de embalses de agua para turbinas; menos quema madera. ¿Dónde se encuentra el peligro? De un lado se trata de su estructura; cualquier reactor nuclear constituye una auténtica bomba de tiempo. De otro lado, su basura es el segundo peligro. Ha llegado la hora que el grueso de la humanidad haga sentir su voz unánime de protesta e imponga el: No, a las plantas nucleares, contra el audaz orden establecido, donde primero son los negocios.
Los recientes sucesos de Japón constituyen un doloroso como triste respaldo a la firme posición del clamor ecologista: los reactores nucleares son un grave peligro contra la humanidad. Y no se trata sólo de un riesgo, sino de toda una trama engañosa que apareja –como costo– una cuenta cualitativamente truculenta, gracias a las travesuras de la economía contra el medioambiente.
No cabe duda que un reactor nuclear produce energía eléctrica limpia, como pura y no empeora el calentamiento terrestre, porque no usa combustible fósil alguno (petróleo ni carbón). Tampoco atenta contra los ecosistemas porque no precisa de embalses de agua para turbinas; menos quema madera.
Si la energía que se genera en las plantas nucleares es limpia, ¿dónde se encuentra el peligro?
De un lado se trata de su estructura; cualquier reactor nuclear constituye una auténtica bomba de tiempo. De otro lado, su basura es el segundo peligro. Por razones de método se comienza con este último.
¿Qué es la basura nuclear y dónde se encuentra su acción destructora de la vida?
Constituye basura nuclear todo resto de mineral radiactivo empleado en su producción. Este material, al resultar ya inservible para el proceso de elaboración de energía eléctrica, debe ser desechado por haber agotado su potencialidad. Empero, la denominada “ceniza nuclear” –como así lo anota la ciencia– continúa emitiendo radioactividad, situación que dura más de cien años. Merece, por tanto, un proceso de extraordinaria atención para ser descartada lo más lejos posible de la presencia humana.
¿Qué hacen aquellas empresas con la basura que producen?
Hasta hace una veintena de años, cuando había aún pocas plantas generadoras, las empresas contrataban y pagaban transportadoras para que hagan desaparecer su ceniza, acumulada en inmensos volúmenes y miles de toneladas de peso. Aquél negocio resultó fabuloso para empresarios sin escrúpulos de embarcaciones marítimas, porque disponían el envío de tan estratégica carga para ser depositada en países del Tercer Mundo, así sea sobornando autoridades. Se hacía creer a ingenuas poblaciones que aquellas cenizas eran fertilizantes, útiles para la agricultura; también que se trataba de material especial para construcción y relleno de carreteras.
Ante las advertencias permanentes de las entidades ecologistas internacionales como Greenpeace, que controlaban el caso, efectuaban seguimiento y brindaban información al Tercer Mundo, las comunidades locales comenzaron a reaccionar airadamente. Sus protestas se hacían efectivas con manifestaciones masivas que no dejaban de agravarse por ejercer violencia para ser escuchados por las autoridades.
Para que nadie sostenga que lo anterior sea una mentira, van dos hechos como prueba. El barco “Khian Sea”, con 14.000 toneladas de ceniza tóxica salió de Filadelfia, PA, USA, dando vueltas por el mundo, donde era impacientemente esperado por airadas masas humanas preparadas. De Bahamas, pasó a República Dominicana, Honduras, Bermuda, Guinea Bissau y Antillas Holandesas. En Haití descargó 4.000 toneladas con permiso del dictador Jean Claude Duvalier; empero, al darse cuenta los haitianos, de aquella barbaridad, hubieron de reaccionar como la situación merecía. Sin embargo, y aprovechando la noche, el barco escapó del lugar dejando su presente en plena playa.
Finalmente, y al darse cuenta el tiempo transcurría, aunque nadie aceptaba tan generosas ofertas, el capitán dispuso sea vertida su carga en el Océano Índico. Otra embarcación, de origen caribeño, denominada: "MV Ulla", esta vez con cenizas de España, se hundió en el golfo de Iskenderun, en el mar Mediterráneo, al sur de Turquía el día 7 de septiembre de 2004.
No es exageración sostener que ya puede explicarse, ahora, porque el mar nos brinda peligrosas como nuevas especies, genéticamente degeneradas.
Quede muy claro que al día de hoy las plantas nucleares han proliferado excesivamente en el Primer Mundo, al extremo de que los EE.UU. tienen 102, Francia 76 y Japón 74. Es claro apercibirse que, ante semejante incremento de reactores, la basura nuclear ha aumentado y seguirá creciendo en grado ascendiente, multiplicando su potencialidad atentatoria.
Ante la conciencia activa y reacción efectiva de las comunidades locales, como del consenso internacional adverso, las empresas decidieron cambio de estrategia. Ahora guardan su basura en porciones –cual cadáveres semi vivos– encerrados en verdaderos sarcófagos, cuidadosamente protegidos y “rigurosamente inspeccionados, monitorizados y colocados en trincheras o profundos pozos de enterramiento”. En tal limbo de paz, las momias nucleares esperarán su destino; vale decir, su siglo, para morir definitivamente (extinción total de su proceso radioactivo)
Este particular peligro ya no escapa de continente. Se encuentra esta vez en casa propia (el mundo industrializado) donde se le hace creer a su población que “todo se halla bajo control” y sin riesgo alguno.
Patentes situaciones acorralan ahora a las empresas, porque éstas ya no pueden negar dos realidades en sus propias narices. La primera, que los sarcófagos seguirán aumentando en número y a ritmo acelerado; la segunda, que cualquier accidente externo de consideración podría rajarlos o quebrarlos permitiendo que los espectros de las momias escapen por el aire para buscarse otros muertos más. Por supuesto, ya no se sabrá el lugar exacto de ruptura de un féretro cualquiera; menos podrá ser sellado de nuevo.
En claro como objetivo lenguaje, quienes vivimos en el mundo industrializado ignoramos que estamos sentados sobre un volcán. Sin ficción ni cuento alguno, se trata de cementerios anatematizados por la humanidad, donde el malvado destino –una excavación minera, o un trabajo subterráneo para infraestructura– no tendría inconveniente en expulsar a aquellos seres de su hábitat y pacífico descanso, bajo tierra, para enviarlos aún mucho más arriba: a convertir en radioactivas, las nubes.
Pasemos ahora al tema de fondo.
¿Por qué los reactores nucleares significan verdaderas bombas de tiempo?
La inmensa masa acumulada de energía, requiere de estructuras sólidas hechas con materiales especiales que brinden cierto grado de seguridad para que todos creamos que los reactores nucleares son seguros y protegidos. La “prenda de garantía” se encuentra en los conocimientos científicos y la “tecnología moderna y de punta”, al decir de técnicos, gerentes nucleares y autoridades políticas. Sin embargo, –y como lo hice notar hace seis años atrás en un libro publicado en EE.UU. en idioma inglés– una cosa es la seguridad estructural del aparato reactor y otra, la seguridad del ambiente externo. Expresé que jamás una planta nuclear puede estar garantizada contra un terremoto, un rayo o el impacto de un avión que caiga por accidente.
Y no me equivoqué en lo mínimo. Bastó pocos minutos para que un poderoso tsunami ataque cuatro planteas nucleares en Fukushima, cuya acción de las aguas invasoras, arrastró y estrelló tierra adentro –y como papel– vehículos, casas, puentes, monumentos, edificios, y aún grandes barcos. Desgraciado espectáculo nos ofrece ahora tan simpático país oriental.
Con la experiencia producida –que es sólo una de las muchas que pueden darse y en variadas formas– ni aunque las plantas nucleares sean instaladas bajo tierra, estarán a salvo. Resultaron como niños rebeldes, a los que hay que azotar con agua para que se enfríen y dejen de reaccionar. He ahí –por otra parte– el despiadado castigo de las fuerzas físicas descontroladas, fruto de la acción lucrativa del sistema económico social, donde no importa el ser humano como tal, ni sus valores, por ser apenas un esclavo más del consumo.
El escritor argentino Javier Rodríguez Pardo, comentando la conducta de quienes se encuentran dosificando la información y ocultando la verdad “para no generar alarma” en la opinión pública mundial, nos dice: “Las imágenes del reactor humeante aún no han sido explicadas y menos sus efectos. El técnico nuclear oriental no se diferencia al de occidente. Ambos minimizan los eventos trágicos de la actividad nuclear, ocultan la gravedad del siniestro, niegan el impacto radiactivo…”
Esta misma persona previene que se está sembrando la isla de bombas atómicas, expuestas a ser detonadas o por otro Tsunami “o por la mano desprevenida de algún técnico que omitió vigilar alguna válvula, porque con la energía nuclear no existe umbral seguro”. Nos recuerda también que ya en la década del 90 había malestar en el pueblo japonés, cuyo clan empresarial y gobierno –en franco maridaje y para suavizar la opinión pública nacional alarmada– crearon el personaje de historieta denominado: “Pluto Boy”
Este personaje, de dibujos animados, mejillas rosadas, casco y antenas, “adorable” según su propio círculo, mandaba su propio mensaje: “El plutonio es bueno para ti. Yo no soy un monstruo, por favor mírame cuidadosamente como soy”. El video fue distribuido por Japan's Power Reactor and Nuclear Fuel Development Corp. y aparecía diariamente en la televisión para convencer al público nipón, que el cuerpo asimila la radiación sin mayores riesgos.
El mentiroso Pluto boy no existe más. Las explosiones nucleares de Fukushima han desmentido su candor y el riesgo temido por la gente se ha hecho realidad, al extremo que el propio Gobierno acaba de anunciar el cierre definitivo de aquella planta. Tal es el crudo resultado de “tecnológicos” sistemas que se consideraban seguros, cuyas muestras exhiben miles de emigrados tomando tabletas de yoduro de potasio para salvar sus vidas, países vecinos sintiendo las visitas del fenómeno radiactivo, plantaciones japonesas de espinaca y otras verduras con alto grado de contaminación, almacenes de provisiones con numerosos productos afectados (mantequilla, leche y queso, por ejemplo), destrucción de economías familiares por el miedo a la radioactividad, abandono forzado, nubes enrarecidas, etc.
A todo lo anterior se añade que Japón ya tuvo otro severo problema el año 2007 en la planta nuclear de Tokaimura, con siete reactores. Por la propia experiencia nacional acumulada –las explosiones atómicas sufridas en Hiroshima y Nagasaki– sabe el pueblo japonés, y ya comenzaron sus manifestaciones de protesta, que ya no debe permitir más riesgos contra su seguridad con sistemas que jamás le van a brindar. Aún sin terremoto ni conmoción extraordinaria, existen fugas radioactivas.
Gracias a la proliferación de las plantas nucleares, nos vamos acercando al macro peligro planetario; la gradual esterilización de formas de la vida terrestre, con mucha más rapidez que el propio calentamiento global.
Ha llegado la hora que el grueso de la humanidad haga sentir su voz unánime de protesta e imponga el: No, a las plantas nucleares, contra el audaz orden establecido, donde primero son los negocios.
Esta voz debe correr y tronar de extremo a extremo del orbe terrestre para salvar la vida.
De lo contrario, el transcurrir terrestre será un espectáculo de una inmensa tragedia de humanos degradados, muchos de aquellos condenados a muerte lenta.
Por un mínimo de solidaridad con el dolor humano, evitemos los ingratos espectáculos de seres que hayan tenido la desgracia de sobrevivir una peor catástrofe nuclear; así sean (a título enunciativo): personas sin dientes ni cabellos, paralíticos, con órganos inutilizados, esterilidad, niños deformados, más el cáncer a la orden del día.
Fuente: http://www.ecoportal.net/
*Gustavo Portocarrero Valda -USA- El autor ha publicado 14 libros. Sus principales obras sobre el tema específico ambiental son: El Hombre, animal en peligro de extinción, Manual de Ecología Política, Epopeya y muerte de la Tierra, Conversaciones con el Planeta Tierra, Earth’s Destruction and our hope in the Ecologist.
Un reactor nuclear produce energía eléctrica limpia y no empeora el calentamiento terrestre, porque no usa combustible fósil alguno (petróleo ni carbón). Tampoco atenta contra los ecosistemas porque no precisa de embalses de agua para turbinas; menos quema madera. ¿Dónde se encuentra el peligro? De un lado se trata de su estructura; cualquier reactor nuclear constituye una auténtica bomba de tiempo. De otro lado, su basura es el segundo peligro. Ha llegado la hora que el grueso de la humanidad haga sentir su voz unánime de protesta e imponga el: No, a las plantas nucleares, contra el audaz orden establecido, donde primero son los negocios.
Los recientes sucesos de Japón constituyen un doloroso como triste respaldo a la firme posición del clamor ecologista: los reactores nucleares son un grave peligro contra la humanidad. Y no se trata sólo de un riesgo, sino de toda una trama engañosa que apareja –como costo– una cuenta cualitativamente truculenta, gracias a las travesuras de la economía contra el medioambiente.
No cabe duda que un reactor nuclear produce energía eléctrica limpia, como pura y no empeora el calentamiento terrestre, porque no usa combustible fósil alguno (petróleo ni carbón). Tampoco atenta contra los ecosistemas porque no precisa de embalses de agua para turbinas; menos quema madera.
Si la energía que se genera en las plantas nucleares es limpia, ¿dónde se encuentra el peligro?
De un lado se trata de su estructura; cualquier reactor nuclear constituye una auténtica bomba de tiempo. De otro lado, su basura es el segundo peligro. Por razones de método se comienza con este último.
¿Qué es la basura nuclear y dónde se encuentra su acción destructora de la vida?
Constituye basura nuclear todo resto de mineral radiactivo empleado en su producción. Este material, al resultar ya inservible para el proceso de elaboración de energía eléctrica, debe ser desechado por haber agotado su potencialidad. Empero, la denominada “ceniza nuclear” –como así lo anota la ciencia– continúa emitiendo radioactividad, situación que dura más de cien años. Merece, por tanto, un proceso de extraordinaria atención para ser descartada lo más lejos posible de la presencia humana.
¿Qué hacen aquellas empresas con la basura que producen?
Hasta hace una veintena de años, cuando había aún pocas plantas generadoras, las empresas contrataban y pagaban transportadoras para que hagan desaparecer su ceniza, acumulada en inmensos volúmenes y miles de toneladas de peso. Aquél negocio resultó fabuloso para empresarios sin escrúpulos de embarcaciones marítimas, porque disponían el envío de tan estratégica carga para ser depositada en países del Tercer Mundo, así sea sobornando autoridades. Se hacía creer a ingenuas poblaciones que aquellas cenizas eran fertilizantes, útiles para la agricultura; también que se trataba de material especial para construcción y relleno de carreteras.
Ante las advertencias permanentes de las entidades ecologistas internacionales como Greenpeace, que controlaban el caso, efectuaban seguimiento y brindaban información al Tercer Mundo, las comunidades locales comenzaron a reaccionar airadamente. Sus protestas se hacían efectivas con manifestaciones masivas que no dejaban de agravarse por ejercer violencia para ser escuchados por las autoridades.
Para que nadie sostenga que lo anterior sea una mentira, van dos hechos como prueba. El barco “Khian Sea”, con 14.000 toneladas de ceniza tóxica salió de Filadelfia, PA, USA, dando vueltas por el mundo, donde era impacientemente esperado por airadas masas humanas preparadas. De Bahamas, pasó a República Dominicana, Honduras, Bermuda, Guinea Bissau y Antillas Holandesas. En Haití descargó 4.000 toneladas con permiso del dictador Jean Claude Duvalier; empero, al darse cuenta los haitianos, de aquella barbaridad, hubieron de reaccionar como la situación merecía. Sin embargo, y aprovechando la noche, el barco escapó del lugar dejando su presente en plena playa.
Finalmente, y al darse cuenta el tiempo transcurría, aunque nadie aceptaba tan generosas ofertas, el capitán dispuso sea vertida su carga en el Océano Índico. Otra embarcación, de origen caribeño, denominada: "MV Ulla", esta vez con cenizas de España, se hundió en el golfo de Iskenderun, en el mar Mediterráneo, al sur de Turquía el día 7 de septiembre de 2004.
No es exageración sostener que ya puede explicarse, ahora, porque el mar nos brinda peligrosas como nuevas especies, genéticamente degeneradas.
Quede muy claro que al día de hoy las plantas nucleares han proliferado excesivamente en el Primer Mundo, al extremo de que los EE.UU. tienen 102, Francia 76 y Japón 74. Es claro apercibirse que, ante semejante incremento de reactores, la basura nuclear ha aumentado y seguirá creciendo en grado ascendiente, multiplicando su potencialidad atentatoria.
Ante la conciencia activa y reacción efectiva de las comunidades locales, como del consenso internacional adverso, las empresas decidieron cambio de estrategia. Ahora guardan su basura en porciones –cual cadáveres semi vivos– encerrados en verdaderos sarcófagos, cuidadosamente protegidos y “rigurosamente inspeccionados, monitorizados y colocados en trincheras o profundos pozos de enterramiento”. En tal limbo de paz, las momias nucleares esperarán su destino; vale decir, su siglo, para morir definitivamente (extinción total de su proceso radioactivo)
Este particular peligro ya no escapa de continente. Se encuentra esta vez en casa propia (el mundo industrializado) donde se le hace creer a su población que “todo se halla bajo control” y sin riesgo alguno.
Patentes situaciones acorralan ahora a las empresas, porque éstas ya no pueden negar dos realidades en sus propias narices. La primera, que los sarcófagos seguirán aumentando en número y a ritmo acelerado; la segunda, que cualquier accidente externo de consideración podría rajarlos o quebrarlos permitiendo que los espectros de las momias escapen por el aire para buscarse otros muertos más. Por supuesto, ya no se sabrá el lugar exacto de ruptura de un féretro cualquiera; menos podrá ser sellado de nuevo.
En claro como objetivo lenguaje, quienes vivimos en el mundo industrializado ignoramos que estamos sentados sobre un volcán. Sin ficción ni cuento alguno, se trata de cementerios anatematizados por la humanidad, donde el malvado destino –una excavación minera, o un trabajo subterráneo para infraestructura– no tendría inconveniente en expulsar a aquellos seres de su hábitat y pacífico descanso, bajo tierra, para enviarlos aún mucho más arriba: a convertir en radioactivas, las nubes.
Pasemos ahora al tema de fondo.
¿Por qué los reactores nucleares significan verdaderas bombas de tiempo?
La inmensa masa acumulada de energía, requiere de estructuras sólidas hechas con materiales especiales que brinden cierto grado de seguridad para que todos creamos que los reactores nucleares son seguros y protegidos. La “prenda de garantía” se encuentra en los conocimientos científicos y la “tecnología moderna y de punta”, al decir de técnicos, gerentes nucleares y autoridades políticas. Sin embargo, –y como lo hice notar hace seis años atrás en un libro publicado en EE.UU. en idioma inglés– una cosa es la seguridad estructural del aparato reactor y otra, la seguridad del ambiente externo. Expresé que jamás una planta nuclear puede estar garantizada contra un terremoto, un rayo o el impacto de un avión que caiga por accidente.
Y no me equivoqué en lo mínimo. Bastó pocos minutos para que un poderoso tsunami ataque cuatro planteas nucleares en Fukushima, cuya acción de las aguas invasoras, arrastró y estrelló tierra adentro –y como papel– vehículos, casas, puentes, monumentos, edificios, y aún grandes barcos. Desgraciado espectáculo nos ofrece ahora tan simpático país oriental.
Con la experiencia producida –que es sólo una de las muchas que pueden darse y en variadas formas– ni aunque las plantas nucleares sean instaladas bajo tierra, estarán a salvo. Resultaron como niños rebeldes, a los que hay que azotar con agua para que se enfríen y dejen de reaccionar. He ahí –por otra parte– el despiadado castigo de las fuerzas físicas descontroladas, fruto de la acción lucrativa del sistema económico social, donde no importa el ser humano como tal, ni sus valores, por ser apenas un esclavo más del consumo.
El escritor argentino Javier Rodríguez Pardo, comentando la conducta de quienes se encuentran dosificando la información y ocultando la verdad “para no generar alarma” en la opinión pública mundial, nos dice: “Las imágenes del reactor humeante aún no han sido explicadas y menos sus efectos. El técnico nuclear oriental no se diferencia al de occidente. Ambos minimizan los eventos trágicos de la actividad nuclear, ocultan la gravedad del siniestro, niegan el impacto radiactivo…”
Esta misma persona previene que se está sembrando la isla de bombas atómicas, expuestas a ser detonadas o por otro Tsunami “o por la mano desprevenida de algún técnico que omitió vigilar alguna válvula, porque con la energía nuclear no existe umbral seguro”. Nos recuerda también que ya en la década del 90 había malestar en el pueblo japonés, cuyo clan empresarial y gobierno –en franco maridaje y para suavizar la opinión pública nacional alarmada– crearon el personaje de historieta denominado: “Pluto Boy”
Este personaje, de dibujos animados, mejillas rosadas, casco y antenas, “adorable” según su propio círculo, mandaba su propio mensaje: “El plutonio es bueno para ti. Yo no soy un monstruo, por favor mírame cuidadosamente como soy”. El video fue distribuido por Japan's Power Reactor and Nuclear Fuel Development Corp. y aparecía diariamente en la televisión para convencer al público nipón, que el cuerpo asimila la radiación sin mayores riesgos.
El mentiroso Pluto boy no existe más. Las explosiones nucleares de Fukushima han desmentido su candor y el riesgo temido por la gente se ha hecho realidad, al extremo que el propio Gobierno acaba de anunciar el cierre definitivo de aquella planta. Tal es el crudo resultado de “tecnológicos” sistemas que se consideraban seguros, cuyas muestras exhiben miles de emigrados tomando tabletas de yoduro de potasio para salvar sus vidas, países vecinos sintiendo las visitas del fenómeno radiactivo, plantaciones japonesas de espinaca y otras verduras con alto grado de contaminación, almacenes de provisiones con numerosos productos afectados (mantequilla, leche y queso, por ejemplo), destrucción de economías familiares por el miedo a la radioactividad, abandono forzado, nubes enrarecidas, etc.
A todo lo anterior se añade que Japón ya tuvo otro severo problema el año 2007 en la planta nuclear de Tokaimura, con siete reactores. Por la propia experiencia nacional acumulada –las explosiones atómicas sufridas en Hiroshima y Nagasaki– sabe el pueblo japonés, y ya comenzaron sus manifestaciones de protesta, que ya no debe permitir más riesgos contra su seguridad con sistemas que jamás le van a brindar. Aún sin terremoto ni conmoción extraordinaria, existen fugas radioactivas.
Gracias a la proliferación de las plantas nucleares, nos vamos acercando al macro peligro planetario; la gradual esterilización de formas de la vida terrestre, con mucha más rapidez que el propio calentamiento global.
Ha llegado la hora que el grueso de la humanidad haga sentir su voz unánime de protesta e imponga el: No, a las plantas nucleares, contra el audaz orden establecido, donde primero son los negocios.
Esta voz debe correr y tronar de extremo a extremo del orbe terrestre para salvar la vida.
De lo contrario, el transcurrir terrestre será un espectáculo de una inmensa tragedia de humanos degradados, muchos de aquellos condenados a muerte lenta.
Por un mínimo de solidaridad con el dolor humano, evitemos los ingratos espectáculos de seres que hayan tenido la desgracia de sobrevivir una peor catástrofe nuclear; así sean (a título enunciativo): personas sin dientes ni cabellos, paralíticos, con órganos inutilizados, esterilidad, niños deformados, más el cáncer a la orden del día.
Fuente: http://www.ecoportal.net/
*Gustavo Portocarrero Valda -USA- El autor ha publicado 14 libros. Sus principales obras sobre el tema específico ambiental son: El Hombre, animal en peligro de extinción, Manual de Ecología Política, Epopeya y muerte de la Tierra, Conversaciones con el Planeta Tierra, Earth’s Destruction and our hope in the Ecologist.
Una parodia del desarrollo: la minería a cielo abierto en Argentina
Basta una visita a la página web de la Secretaría de Minería de la Nación para comprobar que la explotación minera es un eje fundamental de la política económica del actual gobierno. Son públicas sus intenciones de convertir a Argentina en un país minero, y conocido el discurso oficial que exhibe a esta actividad como sinónimo de desarrollo económico y social. Actualmente, existen una veintena de proyectos de minería metalífera "a cielo abierto" en marcha, y el gobierno pretende que continúen aumentando exponencialmente durante los próximos años.
Por Espacio de Bienes Comunes del Frente Popular Darío Santillán
El escenario y los personajes
25/03/2011. Desde hace algunas décadas asistimos a la maduración de una nueva etapa del capitalismo, que ha sido caracterizada por algunos autores marxistas (Harvey) como de acumulación por desposesión. Se trata de un modelo basado en la apropiación, la rapiña de los recursos naturales de la periferia, que debido a su escasez adquieren una importancia estratégica para sostener las posiciones hegemónicas y el consumo de los centros de poder. En este escenario, América Latina se ha convertido en uno de los principales blancos del capital transnacional que, con la complicidad de los gobiernos, impone un conjunto de proyectos extractivos / destructivos de los bienes de la naturaleza en nuestros territorios. Una concepción del desarrollo económico que no da cuenta de las necesidades de los pueblos sino de la valorización del capital. En nuestro país la política económica del actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se alinea sin fisuras con estas necesidades, como ya lo venía haciendo el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007). Junto con los hidrocarburos y la soja, la gran minería forma parte de un modelo económico primario, basado en la exportación con un tipo de cambio devaluado que asegura ganancias extraordinarias para las empresas multinacionales y el capital concentrado local, a costa de la depredación y agotamiento de nuestros recursos estratégicos: agua, tierra, petróleo, gas y minerales.
La continuidad de un modelo económico
En la década del 90, el gobierno de Carlos Menem sancionó un conjunto de leyes desregulacionistas y prebendarias, creando las condiciones jurídicas ideales para que las grandes empresas mineras se establezcan en nuestro país con ganancias extraordinarias que hoy -con el aumento del precio de los minerales- se calculan en más de 5.000 millones de dólares anuales para los grandes proyectos. Como resultado de estas modificaciones, las empresas no pagan retenciones, sólo entregan al Estado el 3% de regalías por los minerales extraídos, gozan de beneficios de estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años, exención de aranceles, tasas aduaneras, impuesto a las ganancias, devolución anticipada y financiamiento del IVA (Impuesto al Valor Agregado), descuentos sobre gastos de exploración, infraestructura y comercialización. Además, no existen controles de ningún tipo (económicos, fiscales, ambientales, laborales); todo se realiza por declaración jurada de las propias empresas. Como si fuera poco pueden dejar en el exterior el 100% de las divisas obtenidas.
Néstor Kirchner profundizó las condiciones favorables a la inversión haciendo de la minería una política de Estado, a través del Plan Minero Nacional 2004. Ya en 2006 la gran minería se convertía en el tercer sector exportador. Actualmente, se desarrollan 17 megaemprendimientos mineros "a cielo abierto" en 9 provincias que exportan millones de toneladas de oro, plata, cobre, uranio, plomo, litio y otros minerales como el niobio y el molibdeno.
El caso testigo: Bajo La Alumbrera
"Bajo La Alumbrera" es el nombre del proyecto más antiguo del país (1997) y uno de los más grandes del mundo, situado en la provincia de Catamarca. Este mega emprendimiento exporta 190 mil toneladas anuales de concentrado de cobre y 23 mil toneladas de oro según sus propias declaraciones juradas.
Los altos niveles de pobreza y desempleo y las limitaciones del sistema educativo y de protección social facilitaron, en las comunidades aledañas, la creación de expectativas positivas por la llegada del nuevo emprendimiento y colaboraron a subestimar los impactos ambientales que aparecían muy difusos y alejados en el tiempo.
Pero si en un principio hubo alguna ilusión, bastó poco tiempo para que comenzaran a aparecer las consecuencias socio-ambientales y el pueblo se empiece a organizar. Cabe aclarar que la megaminería metalífera es una de las actividades económicas más nocivas para el medio ambiente debido a los dos métodos combinados que utiliza en el proceso de obtención de minerales: la extracción a "cielo abierto" y la "lixiviación con cianuro". El proceso se inicia con la voladura de miles de toneladas diarias de montaña que dejan cráteres de varios kilómetros de longitud, provocan la destrucción de los ecosistemas y generan la suspensión en el aire de un conjunto de sustancias tóxicas, que por efecto del viento llegan a las comunidades. Como segundo paso, se utiliza una solución de cianuro o acido sulfúrico para separar los metales de la roca en enormes piletones que contaminan las vertientes de agua que consume la población y provocan la muerte de animales y plantas.
Luego de los numerosos desastres ecológicos que estas técnicas de explotación dejaron como saldo en varias partes del mundo, la megaminería metalífera está prohibida en Montana y Colorado (EEUU), Turquía, República Checa, Nueva Gales del Sur (Australia), Ciudad Cotacachi (Ecuador), Costa Rica y Alemania.
Todo esto está pasando en Catamarca con Bajo Alumbrera y en otros proyectos que ya están entrados en años, como el de Veladero en la provincia de San Juan, ante la mirada aprobatoria de los gobernadores y el amparo del gobierno Nacional.
En estas condiciones, las economías regionales tradicionales se encuentran amenazadas de muerte. El argumento principal del Plan Minero es la creación de fuentes de trabajo, mientras que la cantidad de puestos generados es baja: por ejemplo, Bajo La Alumbrera ocupa menos de 200 personas de Andalgalá, Belén y Santa María, las localidades más cercanas al emprendimiento, al tiempo que miles de pequeños productores se ven afectados por la falta de agua, que provoca la pérdida del 70% de la producción agropecuaria, además de la mortandad de cientos de animales por enfermedades "desconocidas", al decir del director de ganadería de Catamarca. Más notables aún son las numerosas denuncias de personas afectadas por enfermedades respiratorias y cancerígenas. Por otro lado, el mineraloducto que transporta los minerales desde Catamarca hasta los puertos en el Atlántico sufre roturas y pérdidas periódicas en su recorrido, lo que está afectando a las provincias que atraviesa.
Para completar el panorama, en Catamarca se está construyendo otro mega emprendimiento, Agua Rica, que duplica el tamaño de Bajo La Alumbrera. Si multiplicamos los efectos generados por Bajo La Alumbrera por la cantidad de emprendimientos que se proyectan para todo el país el escenario se oscurece aun más para las próximas décadas.
Cuando los pueblos dicen basta...la resistencia de la Unión de Asambleas Ciudadanas
A pesar de la constante criminalización de la protesta social y las estrategias de extorsión, cooptación y desgaste que las empresas mineras utilizan sistemáticamente como forma de obtener luz verde por parte de los gobiernos locales y de quebrantar cualquier intento de resistencia por parte de la comunidad, existen cada vez más experiencias de autoorganización popular, muchas de las cuales han logrado frenar el avance de estos emprendimientos.
La primera e histórica de estas experiencias fue en Esquel, donde en 2003 una masiva consulta popular logró la prohibición de la actividad minera a cielo abierto. En Catamarca durante todos estos años, también hubo múltiples movilizaciones y piquetes para enfrentar a la minería (interrupciones del tránsito de los camiones que proveen insumos que duraron meses), especialmente para enfrentar a Bajo La Alumbrera y a Agua Rica. En Diciembre de 2009, ante la noticia de que el gobierno provincial había entregado derechos para explotar un predio que comprendía directamente al ejido urbano de la localidad de Andalgalá (12.000 habitantes), la Asamblea de vecinos autoconvocados "El algarrobo" inició un nuevo corte de ruta que fue brutalmente reprimido dos meses después, lo que sumó el apoyo de toda la población, que salió a las calles destruyendo las oficinas públicas y de las empresas mineras, una verdadera revuelta popular.
En la provincia de San Juan se sostiene actualmente una lucha contra la Barrick Gold y por la aplicación de la ley nacional de glaciares, la cual fue apelada ante la justicia por el propio gobernador. De todos modos, la no reglamentación de la ley de defensa de los glaciares en ninguna provincia del país, su falta de presupuesto y el "cajoneo" por parte del gobierno nacional bajo la presión de los gobernadores provinciales, es otra prueba evidente de que el modelo minero es defendido en primer lugar por el gobierno nacional. Luego de haber sido vetada por la presidenta Kirchner en una primera oportunidad (2008), todo indica que esta ley volvió a ser promulgada por los senadores oficialistas (2010) y de la oposición con el sólo objeto de contener la protesta social, a sabiendas de que no sería jamás aplicada.
En La Rioja, los autoconvocados de Famatina y Chilecito mantuvieron un corte de ruta ininterrumpido durante meses, evitando la actividad de la empresa Barrick Gold; en Tucumán y Santiago del Estero se están dando fuertes movilizaciones y escraches debido a que sufren el recorrido del mineraloducto de Bajo la Alumbrera.
Y la lista continúa... existen más de cuarenta Asambleas de autoconvocados contra la minería a cielo abierto en Argentina. La mayor parte de ellas confluyen junto con otras asambleas ambientales (contra el modelo sojero, las represas, contaminación urbana, etc.) y organizaciones sociales y políticas en la Unión de Asambleas Ciudadanas. La UAC es hoy la herramienta de coordinación a nivel nacional más importante que tiene el movimiento ambiental en Argentina. Lleva ya 14 encuentros cada tres meses de forma ininterrumpida, y este 25 de Marzo se realiza el 15º Encuentro.
Los piquetes y escraches como metodología de lucha, sumados a las consultas populares como prácticas de decisión política masivas, y al carácter estratégico de los bienes naturales en el actual momento del capitalismo, permiten valorar estas luchas como verdaderas y nuevas experiencias resistencia del campo popular en la zona cordillerana. La posibilidad de articular estas luchas con las que levantan los desocupados, los ocupados, los estudiantes, los pueblos originarios, los que no tienen casa, los que no tienen acceso al agua, a la salud, etc., ya está teniendo lugar, es hoy un paso difícil pero central para hacerle frente al capitalismo y construir una sociedad más justa y solidaria.
Espacio de Bienes Comunes del Frente Popular Darío Santillán
Por Espacio de Bienes Comunes del Frente Popular Darío Santillán
El escenario y los personajes
25/03/2011. Desde hace algunas décadas asistimos a la maduración de una nueva etapa del capitalismo, que ha sido caracterizada por algunos autores marxistas (Harvey) como de acumulación por desposesión. Se trata de un modelo basado en la apropiación, la rapiña de los recursos naturales de la periferia, que debido a su escasez adquieren una importancia estratégica para sostener las posiciones hegemónicas y el consumo de los centros de poder. En este escenario, América Latina se ha convertido en uno de los principales blancos del capital transnacional que, con la complicidad de los gobiernos, impone un conjunto de proyectos extractivos / destructivos de los bienes de la naturaleza en nuestros territorios. Una concepción del desarrollo económico que no da cuenta de las necesidades de los pueblos sino de la valorización del capital. En nuestro país la política económica del actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se alinea sin fisuras con estas necesidades, como ya lo venía haciendo el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007). Junto con los hidrocarburos y la soja, la gran minería forma parte de un modelo económico primario, basado en la exportación con un tipo de cambio devaluado que asegura ganancias extraordinarias para las empresas multinacionales y el capital concentrado local, a costa de la depredación y agotamiento de nuestros recursos estratégicos: agua, tierra, petróleo, gas y minerales.
La continuidad de un modelo económico
En la década del 90, el gobierno de Carlos Menem sancionó un conjunto de leyes desregulacionistas y prebendarias, creando las condiciones jurídicas ideales para que las grandes empresas mineras se establezcan en nuestro país con ganancias extraordinarias que hoy -con el aumento del precio de los minerales- se calculan en más de 5.000 millones de dólares anuales para los grandes proyectos. Como resultado de estas modificaciones, las empresas no pagan retenciones, sólo entregan al Estado el 3% de regalías por los minerales extraídos, gozan de beneficios de estabilidad fiscal y cambiaria por 30 años, exención de aranceles, tasas aduaneras, impuesto a las ganancias, devolución anticipada y financiamiento del IVA (Impuesto al Valor Agregado), descuentos sobre gastos de exploración, infraestructura y comercialización. Además, no existen controles de ningún tipo (económicos, fiscales, ambientales, laborales); todo se realiza por declaración jurada de las propias empresas. Como si fuera poco pueden dejar en el exterior el 100% de las divisas obtenidas.
Néstor Kirchner profundizó las condiciones favorables a la inversión haciendo de la minería una política de Estado, a través del Plan Minero Nacional 2004. Ya en 2006 la gran minería se convertía en el tercer sector exportador. Actualmente, se desarrollan 17 megaemprendimientos mineros "a cielo abierto" en 9 provincias que exportan millones de toneladas de oro, plata, cobre, uranio, plomo, litio y otros minerales como el niobio y el molibdeno.
El caso testigo: Bajo La Alumbrera
"Bajo La Alumbrera" es el nombre del proyecto más antiguo del país (1997) y uno de los más grandes del mundo, situado en la provincia de Catamarca. Este mega emprendimiento exporta 190 mil toneladas anuales de concentrado de cobre y 23 mil toneladas de oro según sus propias declaraciones juradas.
Los altos niveles de pobreza y desempleo y las limitaciones del sistema educativo y de protección social facilitaron, en las comunidades aledañas, la creación de expectativas positivas por la llegada del nuevo emprendimiento y colaboraron a subestimar los impactos ambientales que aparecían muy difusos y alejados en el tiempo.
Pero si en un principio hubo alguna ilusión, bastó poco tiempo para que comenzaran a aparecer las consecuencias socio-ambientales y el pueblo se empiece a organizar. Cabe aclarar que la megaminería metalífera es una de las actividades económicas más nocivas para el medio ambiente debido a los dos métodos combinados que utiliza en el proceso de obtención de minerales: la extracción a "cielo abierto" y la "lixiviación con cianuro". El proceso se inicia con la voladura de miles de toneladas diarias de montaña que dejan cráteres de varios kilómetros de longitud, provocan la destrucción de los ecosistemas y generan la suspensión en el aire de un conjunto de sustancias tóxicas, que por efecto del viento llegan a las comunidades. Como segundo paso, se utiliza una solución de cianuro o acido sulfúrico para separar los metales de la roca en enormes piletones que contaminan las vertientes de agua que consume la población y provocan la muerte de animales y plantas.
Luego de los numerosos desastres ecológicos que estas técnicas de explotación dejaron como saldo en varias partes del mundo, la megaminería metalífera está prohibida en Montana y Colorado (EEUU), Turquía, República Checa, Nueva Gales del Sur (Australia), Ciudad Cotacachi (Ecuador), Costa Rica y Alemania.
Todo esto está pasando en Catamarca con Bajo Alumbrera y en otros proyectos que ya están entrados en años, como el de Veladero en la provincia de San Juan, ante la mirada aprobatoria de los gobernadores y el amparo del gobierno Nacional.
En estas condiciones, las economías regionales tradicionales se encuentran amenazadas de muerte. El argumento principal del Plan Minero es la creación de fuentes de trabajo, mientras que la cantidad de puestos generados es baja: por ejemplo, Bajo La Alumbrera ocupa menos de 200 personas de Andalgalá, Belén y Santa María, las localidades más cercanas al emprendimiento, al tiempo que miles de pequeños productores se ven afectados por la falta de agua, que provoca la pérdida del 70% de la producción agropecuaria, además de la mortandad de cientos de animales por enfermedades "desconocidas", al decir del director de ganadería de Catamarca. Más notables aún son las numerosas denuncias de personas afectadas por enfermedades respiratorias y cancerígenas. Por otro lado, el mineraloducto que transporta los minerales desde Catamarca hasta los puertos en el Atlántico sufre roturas y pérdidas periódicas en su recorrido, lo que está afectando a las provincias que atraviesa.
Para completar el panorama, en Catamarca se está construyendo otro mega emprendimiento, Agua Rica, que duplica el tamaño de Bajo La Alumbrera. Si multiplicamos los efectos generados por Bajo La Alumbrera por la cantidad de emprendimientos que se proyectan para todo el país el escenario se oscurece aun más para las próximas décadas.
Cuando los pueblos dicen basta...la resistencia de la Unión de Asambleas Ciudadanas
A pesar de la constante criminalización de la protesta social y las estrategias de extorsión, cooptación y desgaste que las empresas mineras utilizan sistemáticamente como forma de obtener luz verde por parte de los gobiernos locales y de quebrantar cualquier intento de resistencia por parte de la comunidad, existen cada vez más experiencias de autoorganización popular, muchas de las cuales han logrado frenar el avance de estos emprendimientos.
La primera e histórica de estas experiencias fue en Esquel, donde en 2003 una masiva consulta popular logró la prohibición de la actividad minera a cielo abierto. En Catamarca durante todos estos años, también hubo múltiples movilizaciones y piquetes para enfrentar a la minería (interrupciones del tránsito de los camiones que proveen insumos que duraron meses), especialmente para enfrentar a Bajo La Alumbrera y a Agua Rica. En Diciembre de 2009, ante la noticia de que el gobierno provincial había entregado derechos para explotar un predio que comprendía directamente al ejido urbano de la localidad de Andalgalá (12.000 habitantes), la Asamblea de vecinos autoconvocados "El algarrobo" inició un nuevo corte de ruta que fue brutalmente reprimido dos meses después, lo que sumó el apoyo de toda la población, que salió a las calles destruyendo las oficinas públicas y de las empresas mineras, una verdadera revuelta popular.
En la provincia de San Juan se sostiene actualmente una lucha contra la Barrick Gold y por la aplicación de la ley nacional de glaciares, la cual fue apelada ante la justicia por el propio gobernador. De todos modos, la no reglamentación de la ley de defensa de los glaciares en ninguna provincia del país, su falta de presupuesto y el "cajoneo" por parte del gobierno nacional bajo la presión de los gobernadores provinciales, es otra prueba evidente de que el modelo minero es defendido en primer lugar por el gobierno nacional. Luego de haber sido vetada por la presidenta Kirchner en una primera oportunidad (2008), todo indica que esta ley volvió a ser promulgada por los senadores oficialistas (2010) y de la oposición con el sólo objeto de contener la protesta social, a sabiendas de que no sería jamás aplicada.
En La Rioja, los autoconvocados de Famatina y Chilecito mantuvieron un corte de ruta ininterrumpido durante meses, evitando la actividad de la empresa Barrick Gold; en Tucumán y Santiago del Estero se están dando fuertes movilizaciones y escraches debido a que sufren el recorrido del mineraloducto de Bajo la Alumbrera.
Y la lista continúa... existen más de cuarenta Asambleas de autoconvocados contra la minería a cielo abierto en Argentina. La mayor parte de ellas confluyen junto con otras asambleas ambientales (contra el modelo sojero, las represas, contaminación urbana, etc.) y organizaciones sociales y políticas en la Unión de Asambleas Ciudadanas. La UAC es hoy la herramienta de coordinación a nivel nacional más importante que tiene el movimiento ambiental en Argentina. Lleva ya 14 encuentros cada tres meses de forma ininterrumpida, y este 25 de Marzo se realiza el 15º Encuentro.
Los piquetes y escraches como metodología de lucha, sumados a las consultas populares como prácticas de decisión política masivas, y al carácter estratégico de los bienes naturales en el actual momento del capitalismo, permiten valorar estas luchas como verdaderas y nuevas experiencias resistencia del campo popular en la zona cordillerana. La posibilidad de articular estas luchas con las que levantan los desocupados, los ocupados, los estudiantes, los pueblos originarios, los que no tienen casa, los que no tienen acceso al agua, a la salud, etc., ya está teniendo lugar, es hoy un paso difícil pero central para hacerle frente al capitalismo y construir una sociedad más justa y solidaria.
Espacio de Bienes Comunes del Frente Popular Darío Santillán
Problema médico de enormes proporciones
Hablemos claramente, hay billones y billones de dólares en juego para la industria nuclear, que ha logrado como he dicho anteriormente embaucar a los gobiernos alrededor del mundo, a gran parte de la prensa y a muchos ciudadanos comunes haciéndoles creer que la energía nuclear es verde y limpia. Nada puede estar más lejos de la verdad. La industria no se alejará de este dinero sin una pelea.
Por Helen Caldicott, MD
01/04/2011. Al escribir esto el 25 de Marzo desde Ottawa, dos semanas después del terremoto y la tsunami y la calamidad que ha caído sobre la Planta Nuclear de Fukushima No 1, la situación sigue empeorando.
A pesar de los esfuerzos heroicos de los "Samurai Nucleares" los empleados de TEPCO que han luchado desinteresadamente y heroicamente para estabilizar los reactores y restaurar la energía' , hay señales preocupantes que indican que la peligrosa inestabilidad continua reinando.
Entre ellos: el anuncio de hoy que uno de los núcleos de reactor puede haber sufrido una fractura que puede haber liberado grandes cantidades de radiación en la planta, la ampliación de la zona de exclusión a 30 kilómetros, y la prohibición del gobierno de los Estados Unidos de la importación de determinados tipos de leche y hortalizas de esa área.
De hecho, como digo en el Artículo de Opinión de la CNN recién publicado, la energía nuclear y sus efectos dañinos son un problema médico de enormes proporciones, el mayor peligro para la salud pública que el mundo conocerá jamás.
Trágicamente, los "Samurai Nucleares" trabajan para una compañía TEPCO que ha sido denunciada por haber ignorado los chequeos obligatorios de seguridad en Fukushima, al permitir más barras de combustible que lo que se considera prudente almacenar in situ y por ser evasivos y reticentes acerca de los eventos verdaderos de la emergencia que se está desplegando.
Lo que también hemos visto es una segunda tsunami de otro tipo- una marejada de retroceso de la industria nuclear alrededor el mundo, que ha sido hamacada sobre sus propios talones por Fukushima y que ahora se está reagrupando. Hay afirmaciones de que la radiación es buena para una persona, que la energía nuclear es la única respuesta para el calentamiento global, y que los temores acerca de la seguridad de la energía nuclear son injustificados y resultado del pánico.
Hablemos claramente, hay billones y billones de dólares en juego para la industria nuclear, que ha logrado como he dicho anteriormente embaucar a los gobiernos alrededor del mundo, a gran parte de la prensa y a muchos ciudadanos comunes haciéndoles creer que la energía nuclear es verde y limpia. Nada puede estar más lejos de la verdad. La industria no se alejará de este dinero sin una pelea.
Por Helen Caldicott, MD
01/04/2011. Al escribir esto el 25 de Marzo desde Ottawa, dos semanas después del terremoto y la tsunami y la calamidad que ha caído sobre la Planta Nuclear de Fukushima No 1, la situación sigue empeorando.
A pesar de los esfuerzos heroicos de los "Samurai Nucleares" los empleados de TEPCO que han luchado desinteresadamente y heroicamente para estabilizar los reactores y restaurar la energía' , hay señales preocupantes que indican que la peligrosa inestabilidad continua reinando.
Entre ellos: el anuncio de hoy que uno de los núcleos de reactor puede haber sufrido una fractura que puede haber liberado grandes cantidades de radiación en la planta, la ampliación de la zona de exclusión a 30 kilómetros, y la prohibición del gobierno de los Estados Unidos de la importación de determinados tipos de leche y hortalizas de esa área.
De hecho, como digo en el Artículo de Opinión de la CNN recién publicado, la energía nuclear y sus efectos dañinos son un problema médico de enormes proporciones, el mayor peligro para la salud pública que el mundo conocerá jamás.
Trágicamente, los "Samurai Nucleares" trabajan para una compañía TEPCO que ha sido denunciada por haber ignorado los chequeos obligatorios de seguridad en Fukushima, al permitir más barras de combustible que lo que se considera prudente almacenar in situ y por ser evasivos y reticentes acerca de los eventos verdaderos de la emergencia que se está desplegando.
Lo que también hemos visto es una segunda tsunami de otro tipo- una marejada de retroceso de la industria nuclear alrededor el mundo, que ha sido hamacada sobre sus propios talones por Fukushima y que ahora se está reagrupando. Hay afirmaciones de que la radiación es buena para una persona, que la energía nuclear es la única respuesta para el calentamiento global, y que los temores acerca de la seguridad de la energía nuclear son injustificados y resultado del pánico.
Hablemos claramente, hay billones y billones de dólares en juego para la industria nuclear, que ha logrado como he dicho anteriormente embaucar a los gobiernos alrededor del mundo, a gran parte de la prensa y a muchos ciudadanos comunes haciéndoles creer que la energía nuclear es verde y limpia. Nada puede estar más lejos de la verdad. La industria no se alejará de este dinero sin una pelea.
lunes, 28 de marzo de 2011
DOCUMENTAL "LA GANGA"
"LA GANGA" es un documental que trata sobre la explotación minera a gran escala en la República Argentina y como consecuencia, la lucha desesperada de los vecinos porque no les contaminen el aire, el agua y la tierra. Leyes inverosímiles y tratados irracionales son el marco perfecto para que la corrupción siga siendo el eje del saqueo que continua a mas de 500 años de la conquista de América.
Fuente: http://www.vimeo.com/
jueves, 24 de marzo de 2011
Fukushima está más cerca de lo que creemos
Por
Dr. Prof. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Profesor titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba. Presidente de la Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM) y Premio Nóbel Alternativo 2004 (RLA, Estocolmo, Suecia).
Japón tiene 55 centrales nucleares, 14 de ellas localizadas en la zona afectada por el terremoto y el tsunami ocurridos a mediados de marzo. Once enfrentaron problemas y seis sufren situaciones extremadamente graves, en particular Fukushima Daiichi. Para entender porqué Argentina no está exenta de tener un accidente nuclear nivel 7 en la escala INES [1] –el peor posible- y porqué sus ciudadanos no están preparados para enfrentarlo, haremos un breve recorrido por las realidades nucleares de Japón, Alemania y nuestro país. Si los gobiernos de la nación y algunas provincias no aprenden la lección de Fukushima estaremos condenados a repetir sus mismos errores. Solo que después de grandes accidentes nucleares no suele haber una segunda oportunidad.
Japón
Antes del terremoto del 11 de marzo de 2011, las autoridades nucleares de Japón y los operadores privados (entre ellos TEPCO, responsable de Fukushima I) consideraban que las centrales de Fukushima I, Fukushima II, Onagawa y Tokai podían resistir terremotos y tsunamis de máxima intensidad. Ese día a las 14:46 JST (tiempo estándar de Japón) se produjo en la costa nordeste un terremoto con 8,9 grados de intensidad en la escala de Richter. A las 15:41 llegó el tsunami. En Fukushima I funcionaban los reactores 1, 2 y 3 (no así las unidades 4, 5 y 6, fuera de servicio). En Fukushima II los reactores de potencia 1, 2 y 3, en Onagawa otros tres reactores y en Tokai la unidad II, cuya unidad I ya fue desmantelada. Todos ellos, pero muy especialmente los reactores de Fukushima I, colapsaron. Comenzó entonces la creciente fuga de materiales radiactivos al ambiente, que continúa en este momento. También se iniciaron evacuaciones masivas en las comunidades más cercanas. Por primera vez en la historia nuclear de la humanidad se accidentaron varios reactores al mismo tiempo. Originalmente la situación de Fukushima se asimiló a un evento nuclear nivel 4 en la escala del INES (que va de 0 a 7), pero a medida que se agravaba la cadena de sucesos se alcanzaron los grados 5 y 6 y muy posiblemente el temido nivel 7. El mismo nivel de Chernobyl.
Las centrales nucleares del nordeste japonés no resistieron la fuerza del terremoto y del tsunami. Pese a las reiteradas garantías de seguridad que históricamente declamaron la autoridad nuclear de Japón y los operadores privados, las estructuras, funcionamiento y dispositivos de emergencia de los reactores colapsaron. Se potenciaron entonces entre sí numerosas crisis: destrucción masiva, mortandad, miles de heridos, redes viales deterioradas, interrupción en el suministro de combustible, electricidad y alimentos, problemas de transporte, comunicaciones defectuosas y réplicas intermitentes del terremoto, que todavía continúan. La preparación de la sociedad civil para enfrentar terremotos, tsunamis y accidentes tecnológicos explica porqué no hubo centenares de miles de muertos en una de las regiones más densamente pobladas del planeta. La sociedad respondió pero no sucedió lo mismo con las autoridades nucleares del gobierno, quienes –en las últimas décadas- no lograron advertir que concentrar muchos reactores nucleares sobre superficies pequeñas y cercanas a grandes centros poblados era un despropósito, sobre todo en un país que soportó históricamente fuertes terremotos y tsunamis. Lo curioso es que siendo el único país de la Tierra donde la insensatez de un enemigo hizo estallar dos bombas nucleares sobre población inocente, Japón desarrollara la misma tecnología que generó las bombas "Little Boy", a base de Uranio 235, y "Fat Man", con Plutonio 239.
Alemania
La canciller alemana Angela Merkel reaccionó con rapidez ante la tragedia humana, ambiental y tecnológica de Japón. El 15 de marzo de 2011 aplazó por tres meses la extensión de la vida útil de 17 reactores nucleares, y un día después paralizó "temporalmente" las 7 centrales más antiguas de Alemania. Tomó esta decisión aunque el país no tenga riesgo de grandes terremotos ni tsunamis [2]. Decisiones similares están siendo adoptadas en distintos países. Hasta el 17 de marzo de 2011, 10 de los 31 países que poseen reactores nucleares de potencia anunciaron la paralización de nuevos proyectos y dispusieron una profunda revisión de su seguridad.
Argentina
Contrariamente a lo sucedido en Alemania, donde se adoptó una rápida medida preventiva, el Gerente de Relaciones Institucionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Gabriel Barceló, descartó que lo ocurrido en Japón pueda suceder en Argentina pues nuestro país "usa una diferente tecnología y además no estamos en zona sísmica" [3]. Esta aseveración es incorrecta. Las tecnologías son diferentes pero los materiales radiactivos que se manejan son igualmente peligrosos y los sismos –por otra parte- no son la única causa de accidente nuclear. Cualquier reactor puede sufrir un accidente nivel 7.
Ese máximo accidente "posible" puede ser el resultado de varios factores, aislados o que actúan en forma simultánea.
Primero, actividad sísmica. La central de Embalse en Córdoba está localizada sobre la falla de Santa Rosa, en una región donde ya se han registrado movimientos sísmicos importantes: magnitud 5,5 e intensidad VII en 1947 y magnitud 6,0 e intensidad VIII en 1934. La "falla del frente occidental de la Sierra Chica" se extiende desde Carlos Paz hasta Berrotarán y Elena. Su potencial para generar sismos es desconocido. En la región también se encuentra la falla de Las Lagunas, cercana a Sampacho –localidad destruida por un sismo en 1934- que llega hasta Río Cuarto [4].
Segundo, fallas humanas. El 30 de junio de 1983 la central nuclear de Embalse sufrió un grave incidente que no llegó a descargar material radiactivo al ambiente. Pero delató “fallas en el diseño, errores en los documentos y procedimientos, y desaciertos en la organización interna”. Este crudo diagnóstico está contenido en un documento del IRS, oficina de las Naciones Unidas con sede en Austria que centraliza los informes sobre incidentes. La CNEA, además de mantenerlo en secreto, tardó tres años en comunicar lo sucedido al IRS. Recién se conoció cuando la revista Der Spiegel, que tuvo acceso a 250 informes secretos, lo publicó en Alemania en 1987.
Tercero, fallas técnicas. Los reactores Candu tienen fallas inherentes a su diseño que explican por ejemplo las numerosas descargas de agua pesada radiactiva descargadas al lago de Embalse. Por ejemplo, febrero-marzo de 1986, agosto de 1987, septiembre de 1987, diciembre de 1987, diciembre de 1995 y octubre de 2003 [5]. Los Candú son particularmente sensibles a ciertos tipos de accidentes [6].
Cuarto, impacto de avión comercial de gran porte por accidente o acto terrorista contra el reactor o contra el depósito de combustible nuclear agotado.
Es importante señalar que Embalse tiene dos sitios extremadamente peligrosos, uno muy protegido por "barreras de ingeniería", el corazón del reactor, y otro menos protegido estructuralmente, el depósito de combustible nuclear agotado. Allí están depositadas las barras de descarte, altamente radiactivas, que se produjeron durante sus 28 años de operación (1983-2011). Al final de su vida útil estaría acumulando más de 120.000 barras que mantienen su peligrosidad durante 1.000 a 1.500 siglos. La situación en Atucha I es similar. Si un Boeing 767 impactara contra esos depósitos, el combustible nuclear se fragmentaría y los residuos radiactivos, transportados en altura por la corriente convectiva del incendio, podrían diseminarse. El viento generaría sucesivas "plumas de contaminación" o nubes. Chernobyl y Fukushima han mostrado que esta contaminación puede afectar zonas muy extensas, incluso a gran distancia de los reactores accidentados [5].
Embalse y Atucha I liberan rutinariamente materiales radiactivos
Las centrales nucleares de Argentina solo son controladas por la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) cuyos miembros siempre mantuvieron estrechas relaciones con CNEA y NASA (Nucleoeléctrica Argentina S.A.), que opera los dos reactores. Los gobiernos de las provincias de Córdoba y Buenos Aires –por otra parte- no controlan adecuadamente los reactores nucleares de Embalse y Atucha I, ni preparan a las poblaciones locales para el "peor accidente posible" (nivel 7 del INES). Además de la liberación accidental de materiales radiactivos –usualmente no informadas a la población- ambos reactores descargan rutinariamente una larga lista de radioisótopos al ambiente.
Embalse por ejemplo libera al lago, entre otros, Tritio 3, Zirconio 95, Cesio 137 y 134, Estroncio 90, Cromo 51, Niobio 95, Cerio 141 y 144, Gadolinio 153, Iodo 131, Rutenio 106 y 103, Cobalto 60, Antimonio 125, Bario 140, Manganeso 54, Plata 110 M, Zinc 65 y Curio 51. El aire –en tanto- recibe Tritio 3, Xenón 133, Xenón 135, Kriptón 85, 85 M y 88, Niobio 95, Zirconio 95, Cerio 144, Rutenio 103. Cerio 141, Antimonio124 y 125, Cobalto 60, Hierro 59, Plata 110m y Iodo 131. Todos son de riesgo y dado que algunos tienen vidas medias largas como el Tritio 3 (12,3 años), el Cesio 137 (30,1 años), el Estroncio 90 (28,7 años) y el Cobalto 60 (5,2 años) es muy posible que se hayan acumulado en las cadenas alimentarias del lago y del suelo. El Cesio 137, químicamente similar al potasio, ingresa por ejemplo en tejido muscular y el Estroncio 90 –similar al calcio- en tejido óseo. Dado que el gobierno de la provincia de Córdoba no controla a NASA –la operadora de la central- se ignora lo que está sucediendo. En Atucha I –donde las principales descargas se vuelcan al río Paraná- la situación es parecida.
A nivel de radiación ionizante no hay niveles inofensivos
La radiación ionizante emitida por los materiales radiactivos es dañina para las células, tejidos y organismos vivos. Incluso la exposición a la radiación natural de fondo, relativamente baja, implica riesgos. Cualquier aumento de ese fondo aumenta la posibilidad de efectos negativos. Cada ciudadano debe saber que biológicamente ningún umbral de radiactividad es seguro. Maurice Errera de la Universidad de Bruselas lo expresa muy claramente: “todo aumento de radiación, por pequeño que sea, es susceptible de incrementar la incidencia de enfermedades hereditarias o del cáncer”. El descubrimiento del efecto Petkau cambió la historia del impacto sanitario. Hoy sabemos que las pequeñas dosis de radiación también pueden afectar a las células vivas y su material genético (ADN), y generar cáncer. La radiación actúa de dos formas, directamente cuando las partículas Alfa y Beta y los rayos Gamma alcanzan las células vivas. Indirectamente cuando los átomos "impactados" por esa radiación pierden sus electrones, y éstos actúan como si fueran balas dañinas sobre otras células y sus respectivos materiales genéticos. Los efectos de la radiación, sin embargo, suelen aparecer bastante tiempo después de la exposición. La radiación ionizante, que no tiene olor, ni se ve, ni se toca, enferma y mata en silencio [5].
Córdoba, con más Tritio radiactivo que Buenos Aires
En Córdoba, el lago de Embalse recibe los mayores impactos de la central nuclear de Embalse. Además de las varias decenas de materiales radiactivos que descarga rutinariamente la central, su circuito terciario sobrecalienta las aguas del lago en más de 3 grados centígrados. Uno de los radioisótopos críticos que vuelca es el Tritio 3, cuya vida media es de 12,43 años. Los habitantes de Embalse, por ejemplo, consumen agua potable con 220 becquerelios por litro de Tritio 3. Para la CNEA este valor está “por debajo” de sus límites. Pero para la Directiva 98/93 de la Comunidad Europea, aprobada el 3 de noviembre de 1998, el límite aceptable para agua potable es 100 becquerelios por litro. ¿Porqué un habitante de Embalse debe consumir agua con 500 veces más Tritio 3 que un habitante de Buenos Aires o Roma, sabiendo lo que hoy sabemos sobre el efecto de las pequeñas dosis? CNEA y otras oficinas federales minimizan esta realidad pero sin dar cifras [7].
En Argentina la población no está preparada para enfrentar accidentes nucleares
En Embalse y Atucha I, las tres instituciones nucleares de Argentina, ARN, CNEA y NASA, organizan simulacros de accidente nuclear "menor" solamente en un radio de 10 kilómetros alrededor de cada reactor nuclear. Su plan de evacuación de personas se limita, en cada caso, a 3 kilómetros alrededor de las plantas. Fukushima y Chernobyl muestran hasta qué punto estas distancias son insignificantes. Tokio, que se ha estado preparando para reducir la exposición a residuos radiactivos transportados por aire, está ubicada a 224 kilómetros de Fukushima. En Chernobyl la contaminación radiactiva alcanzó lugares situados a 700 kilómetros de distancia e incluso más lejos.
De allí que en Argentina millones de personas queden marginadas de los sistemas de prevención. Nunca se elaboraron planes ciudadanos con consignas para que cualquier poblador de las ciudades de Río Cuarto o Villa María en Córdoba, o de Rosario en Santa Fe, o de la ciudad de Buenos Aires sepan cómo actuar ante el peor accidente posible. Ni siquiera se han acordado tareas conjuntas con Uruguay para que sus ciudadanos también estén preparados. CNEA se limita a decir que la probabilidad de accidente nuclear es baja y que la tragedia de Fukushima no podría ocurrir en nuestro país.
Al excluir la mayor parte de la población de las consignas de seguridad, las autoridades nucleares de Argentina cometen un error social trágico. Para evitar eventuales críticas y temores prefieren no preparar a la población que vive más allá del radio de los 10 kilómetros alrededor de Embalse y Atucha I.
Pero ellos no son los únicos responsables. Los gobiernos de la provincias potencialmente afectadas por un accidente nuclear nivel 7 en la escala del INES –ya sea en Embalse o Atucha I- también siguen mirando para otro lado. El caso de Córdoba es particularmente grave. La Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM) le entregó al gobernador Juan Schiaretti, en noviembre de 2010, un Plan Ciudadano con consignas para que los pobladores sepan cómo actuar ante un accidente nuclear. A la fecha (marzo de 2011) el gobernador nunca respondió. De allí que FUNAM esté analizando la posibilidad de accionar judicialmente contra el gobernador y haya decidido, unilateralmente, distribuir públicamente el Plan Ciudadano.
Las limitaciones de las pastillas de Iodo
Durante los accidentes nucleares suelen liberarse cantidades importantes del radioisótopo Iodo 131, que tiene una vida media de 8,1 días [8]. Al igual que todos los materiales radiactivos es una sustancia cancerígena. Por eso se distribuyen pastillas de Iodo estable (no radiactivo) entre la población. Al saturarse la glándula tiroides y estar la persona expuesta al Iodo 131 radiactivo, la glándula no lo fija y el radioisótopo se elimina, mayoritariamente, por orina y materia fecal. Lo que no explican con claridad las autoridades nucleares es que las pastillas de Iodo solo sirven para detener las formas radiactivas del Iodo. No ayuda a eliminar el Cesio 137 ni el Estroncio 90 ni ninguno de los otros materiales radiactivos descargados durante un accidente nuclear. Tampoco "absorbe" la radiación. Debido a esta confusión muchas personas creen que tomando pastillas de Iodo quedan protegidas de todos los materiales radiactivos y de la radiación, lo que no es cierto.
Argentina ya tuvo su accidente grado 4 en la escala del INES
Argentina figura en los listados de accidentes nucleares importantes debido al grave accidente que ocurrió en el reactor de investigación RA-2 en el Centro Atómico Constituyentes, en Buenos Aires (CAT). El 23 de septiembre de 1983 estaba realizándose allí un experimento que requería cambiar la configuración del "corazón" del reactor. Se produjo entonces una "excursión crítica" (reacción fuera de control) que expuso al operador a 2.000 rad de radiación Gamma y 1.700 rad de neutrones, lo que produjo su muerte dos días después. Otras 17 personas ubicadas fuera de la habitación del reactor recibieron dosis que variaron entre 35 rad (0,35 Gy) y menos de 1 rad (0,01 Gy). Este accidente fue calificado como nivel 4 en la escala del INES [5].
En Argentina debe revisarse el programa nuclear y someterse a revisión independiente los sistemas de seguridad de sus reactores de potencia y experimentales. Propuestas.
En nuestro país están definiéndose obras que ponen en peligro sanitario y ambiental vastas regiones geográficas y ciudades muy pobladas. Esto se debe a la gran movilidad de los contaminantes atmosféricos en caso de accidente con descarga masiva de radioisótopos. En Japón las sustancias radiactivas eliminadas desde Fukushima están llegando a Tokio, la ciudad más poblada del planeta (con 35,8 millones de habitantes), que se encuentra a 224 kilómetros de distancia.
En Argentina el gobierno nacional alienta la consolidación de un "parque" de reactores en Lima en la provincia de Buenos Aires que integra, en la actualidad, Atucha I (en operación), Atucha II (en construcción) y el CAREM 25 (en construcción). Es intención del gobierno nacional agregar además la proyectada Atucha III. El ya antiguo reactor de Atucha I se encuentra a 120 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y próximo a ciudades del Uruguay. Si ocurriera un accidente nivel 7 afectaría potencialmente a la Argentina, Uruguay y posiblemente parte del sur de Brasil. Las "plumas" de contaminación radiactiva podrían alcanzar Uruguay por aire y por agua (río Paraná, río de la Plata). Entre las localidades uruguayas con ubicación crítica se encuentran Fray Bentos, Mercedes, Dolores, Carmelo y Colonia.
En la provincia de Córdoba los gobiernos nacional y provincial tomaron la decisión de extender la vida útil de la central nuclear de Embalse por 25 años violando, abiertamente, la ley provincial de Ambiente 7.343, el decreto provincial 2.131 sobre Evaluación de Impacto Ambiental y la ley Nacional de Ambiente 25.675, que prevé la realización de Audiencias Públicas. Esta decisión –pese a la oposición pública y los reclamos de FUNAM, iniciados en 2005- ignoró por completo a los ciudadanos de la provincia.
De sumarse la vida útil ya cumplida, el tiempo que aún queda de operación (2011-2012) y la extensión (25 años) se sobrepasa el medio siglo de funcionamiento. Esto aumentaría los riesgos de accidente del reactor, pese a la renovación de partes, pues funcionaría con muchos elementos antiguos e impactados. Crecería además el efecto negativo de sus descargas radiactivas al ambiente (rutinarias, accidentales), en particular sobre el lago de Embalse y el río Ctalamochita, pues se incrementaría la acumulación de radioisótopos de larga vida media. En caso de accidente nivel 7 debe recordarse que Embalse dista apenas 35 kilómetros de Río Tercero, 86 kilómetros de Alta Gracia, 110 kilómetros de Río Cuarto y 120 kilómetros de Córdoba, la segunda ciudad más poblada de Argentina.
Al noreste del país, la nación y el gobierno de Formosa pretenden instalar junto al río Paraguay un reactor CAREM de 150 MW. Se desconocen los estudios de impacto ambiental y no ha habido consultas públicas. Este reactor es experimental pues nunca antes se construyó en forma completa un CAREM 150. Solo hubo pruebas de la unidad crítica que violaron en su momento la legislación de la provincia de Río Negro (1997) y se está construyendo un prototipo, el CAREM 25, en Lima (Buenos Aires). En caso de accidente nivel 7 en la escala del INES podrían verse afectados el noreste de Argentina y Paraguay. Resulta llamativo que los gobiernos de la Argentina y Formosa sigan adelante con este proyecto experimental sin haber consultado previamente al gobierno de Paraguay y sin que se conozca la posición de los paraguayos. Una eventual pluma de contaminación que se extendiera por el río Paraguay podría afectar además las provincias de Chaco y Corrientes, e incluso otros lugares ubicados aguas abajo (después de la confluencia Paraguay-Paraná).
En plena democracia el gobierno de la Nación y algunos gobiernos provinciales vuelven a repetir la mecánica autoritaria de los gobiernos militares, principales impulsores del programa nuclear.
Argentina debe replantear su costoso programa nuclear en base a debates amplios e informados y consultas públicas, en particular porque la nación impulsa –unilateralmente- la consolidación del primer parque de reactores nucleares de América Latina en Lima (Buenos Aires) cuando Fukushima mostró, dramáticamente, lo peligroso que resulta concentrar en una misma localidad varios reactores nucleares ubicados –además- a distancia crítica de grandes centros poblados.
Urge suspender la extensión de la vida útil de la central nuclear de Embalse e investigar administrativa y judicialmente porqué se decidió dicha extensión sin respetar las leyes y sin audiencia pública. También debe suspenderse la construcción del reactor CAREM de Formosa, un proyecto que ignoró a los ciudadanos del nordeste de Argentina y al Paraguay.
Asimismo debe someterse a revisión externa la seguridad de todas las instalaciones nucleares, no solamente reactores (centros atómicos, planta de enriquecimiento de uranio, minas de uranio sin remediar, Dioxitek etc.), y encarar estudios ambientales y epidemiológicos independientes para conocer los impactos negativos que ya provocaron las actividades nucleares sobre los ecosistemas y la salud. Para ello será necesario convocar a universidades, centros de investigación y organizaciones de la sociedad civil. En este contexto debe analizarse la viabilidad y seguridad de Atucha II y del CAREM 25. Finalmente, las actividades nucleares de Argentina no pueden seguir siendo fiscalizadas por un organismo como la Autoridad Regulatoria Nuclear, que ha mostrado vínculos profesionales, técnicos y políticos con la propia CNEA y NASA.
Nuestro país necesita Planes Ciudadanos para que las distintas comunidades puedan reaccionar adecuadamente ante accidentes nucleares. Es preciso revisar además los actuales simulacros para que incluyan el peor accidente posible (nivel 7 en la escala del INES).
Argentina debe desarrollar una Política Energética de Estado en base a la participación de los gobiernos, de los partidos políticos y de distintos actores no gubernamentales para generar un programa de largo plazo que no aísle la cuestión energética del ambiente, de la propia sociedad y del escenario mundial. En este enfoque las conductas de ahorro, las tecnologías sustentables y las fuentes blandas deben tener prioridad. No puede ser que las decisiones e inversiones en materia energética sean decididas en Argentina desde un ministerio nacional, grandes intereses corporativos y una total ausencia de consulta. Lo que debe quedar claro es que Argentina no debe fabricar la trampa en que ya cayó Francia, donde más del 80% de la energía eléctrica que se consume es de origen nuclear. Además de numerosas alternativas energéticas y fuentes blandas (eólicas, solares, fotovoltaicas, de biomasa residual, etc.) existe la estrategia del ahorro energético, insuficientemente desarrollada en nuestro país. Todas estas alternativas son más baratas y menos peligrosas que la nuclear, y no dejan residuos radiactivos que por su larga vida media comprometen la salud y el ambiente de futuras generaciones. No es razonable que reactores nucleares con vidas útiles de apenas 30 años generen grandes volúmenes de residuos que siguen siendo radiactivos durante 1.000 a 1.500 siglos.
Depender de una tecnología absurdamente cara y peligrosa en lugar de consolidar matrices energéticas variadas y más sustentables es suicida. Japón –víctima de ese suicidio- le acaba de asestar un golpe durísimo al mito nuclear, mito que nació del militarismo, la sospecha y la corrupción.
Si los ciudadanos e instituciones no logramos romper la tradición de hermetismo, secreto y autoritarismo con que se edificó el fastuoso programa nuclear de Argentina –que apenas provee del 5 al 6% de la energía eléctrica- entonces deberemos prepararnos para resistir sus impredecibles efectos colaterales. No olvidemos que un solo accidente nuclear grave puede hacer colapsar durante décadas y siglos una región entera. Fukushima está más cerca de lo que creemos.
Referencias
[1] INES, Escala Internacional de Eventos Nucleares. El grado 6 fue asignado por la Autoridad de Seguridad Nuclear de Francia (El País, Madrid, 15 de marzo de 2011).
[2] En Europa las instituciones nucleares tienen una posición muy crítica sobre los accidentes ocurridos en Japón. El Comisario europeo de Energía, Günther Öttinger calificó como "fuera de control" la situación en Fukushima (El País, Madrid, 16 de marzo de 2011).
[3] "CNEA: en Argentina no podría pasar lo que sucede en Japón". Noticia de la Agencia TELAM, 14 de marzo de 2011. La aseveración de G. Barceló es técnicamente incorrecta pues Argentina tiene zonas sísmicas.
[4] Estas fallas están siendo estudiadas por la Universidad Nacional de Río Cuarto. El geólogo Guillermo Sagripanti –a cargo de los estudios- expresó que la zona de Río Cuarto "es sísmicamente activa". Ver La Voz del Interior (Córdoba), 15 de marzo de 2011 y diario Puntal (Río Cuarto) 16 de marzo de 2011.
[5] Montenegro, R.A. 2007. "The nuclear programme of Argentina and the creation of nuclear-free zones for reducing risks of nuclear facilities". In: "Updating International Nuclear Law", Eds. H. Stockinger, J. Van Dyke, M. Geistlinger, S. K. Fussek y P. Marchart, Ed. NW Verlag, BMW Berliner Wissenschaftsverlag & Intersentia, Wien-Graz, pp. 259-284.
[6] El reactor nuclear Candú de Embalse tiene problemas que le son propios: 1) Mayor probabilidad de pérdida de agua pesada desde el circuito primario dada la complejidad de su tubería. 2) El reaprovisionamiento de combustible mientras continúa funcionando el reactor introduce factores adicionales de riesgo. 3) Las sucesivas fallas y roturas de los tubos de presión está relacionada con la misma aleación de Zirconio-Niobio utilizada en las tuberías de Chernobyl. 4) La combinación de uranio natural-agua pesada tiene serias implicancias en materia de seguridad. El coeficiente de reactividad es positivo, de allí que cualquier accidente que ocasione la pérdida de refrigerante pueda acarrear escape de energía. 5) El uso de agua pesada genera grandes cantidades de Tritio 3 radiactivo, y el uso generoso de Zirconio en el núcleo tiene como consecuencia un elevado potencial de reacción Zirconio-vapor de agua. 6) No está diseñado para soportar los peores accidentes que involucran extensas reacciones de Zirconio-vapor de agua, explosiones de hidrógeno y vapor de agua, y ruptura de las modalidades comunes de los ciclos de enfriamiento primarios y secundarios dentro de la contención.
[7] Según datos de la Autoridad Regulatoria Nuclear (1998) los valores de Tritio 3 en aguas del Embalse de Río Tercero, en Córdoba, son 32 a 520 veces más altos que los medidos en el río Paraná en inmediaciones de Atucha I. Las cifras de Tritio 3 en el agua potable que consumen los pobladores de Embalse, en tanto, son 34 a 367 veces más altas que las registradas en agua subterránea (potable) de pozos situados 5 kilómetros al sur de Atucha I (provincia de Buenos Aires). Ver [5].
[8] Cada material radiactivo tiene una vida media observada. Cuando se dice que el Iodo 131 tiene una vida media de 8,1 días implica lo siguiente: si tengo 100 gramos de Iodo 131 a los 8,1 días quedará la mitad, es decir 50 gramos; a los 16,2 días la mitad de la mitad, 25 gramos, y así sucesivamente.
Para mayor información contactar a:
Prof. Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Teléfono fijo: 03543-422236
Teléfono celular: 0351-155 125 637
E-mail: raulmontenegro@flash.com.ar
Dr. Prof. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Profesor titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba. Presidente de la Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM) y Premio Nóbel Alternativo 2004 (RLA, Estocolmo, Suecia).
Japón tiene 55 centrales nucleares, 14 de ellas localizadas en la zona afectada por el terremoto y el tsunami ocurridos a mediados de marzo. Once enfrentaron problemas y seis sufren situaciones extremadamente graves, en particular Fukushima Daiichi. Para entender porqué Argentina no está exenta de tener un accidente nuclear nivel 7 en la escala INES [1] –el peor posible- y porqué sus ciudadanos no están preparados para enfrentarlo, haremos un breve recorrido por las realidades nucleares de Japón, Alemania y nuestro país. Si los gobiernos de la nación y algunas provincias no aprenden la lección de Fukushima estaremos condenados a repetir sus mismos errores. Solo que después de grandes accidentes nucleares no suele haber una segunda oportunidad.
Japón
Antes del terremoto del 11 de marzo de 2011, las autoridades nucleares de Japón y los operadores privados (entre ellos TEPCO, responsable de Fukushima I) consideraban que las centrales de Fukushima I, Fukushima II, Onagawa y Tokai podían resistir terremotos y tsunamis de máxima intensidad. Ese día a las 14:46 JST (tiempo estándar de Japón) se produjo en la costa nordeste un terremoto con 8,9 grados de intensidad en la escala de Richter. A las 15:41 llegó el tsunami. En Fukushima I funcionaban los reactores 1, 2 y 3 (no así las unidades 4, 5 y 6, fuera de servicio). En Fukushima II los reactores de potencia 1, 2 y 3, en Onagawa otros tres reactores y en Tokai la unidad II, cuya unidad I ya fue desmantelada. Todos ellos, pero muy especialmente los reactores de Fukushima I, colapsaron. Comenzó entonces la creciente fuga de materiales radiactivos al ambiente, que continúa en este momento. También se iniciaron evacuaciones masivas en las comunidades más cercanas. Por primera vez en la historia nuclear de la humanidad se accidentaron varios reactores al mismo tiempo. Originalmente la situación de Fukushima se asimiló a un evento nuclear nivel 4 en la escala del INES (que va de 0 a 7), pero a medida que se agravaba la cadena de sucesos se alcanzaron los grados 5 y 6 y muy posiblemente el temido nivel 7. El mismo nivel de Chernobyl.
Las centrales nucleares del nordeste japonés no resistieron la fuerza del terremoto y del tsunami. Pese a las reiteradas garantías de seguridad que históricamente declamaron la autoridad nuclear de Japón y los operadores privados, las estructuras, funcionamiento y dispositivos de emergencia de los reactores colapsaron. Se potenciaron entonces entre sí numerosas crisis: destrucción masiva, mortandad, miles de heridos, redes viales deterioradas, interrupción en el suministro de combustible, electricidad y alimentos, problemas de transporte, comunicaciones defectuosas y réplicas intermitentes del terremoto, que todavía continúan. La preparación de la sociedad civil para enfrentar terremotos, tsunamis y accidentes tecnológicos explica porqué no hubo centenares de miles de muertos en una de las regiones más densamente pobladas del planeta. La sociedad respondió pero no sucedió lo mismo con las autoridades nucleares del gobierno, quienes –en las últimas décadas- no lograron advertir que concentrar muchos reactores nucleares sobre superficies pequeñas y cercanas a grandes centros poblados era un despropósito, sobre todo en un país que soportó históricamente fuertes terremotos y tsunamis. Lo curioso es que siendo el único país de la Tierra donde la insensatez de un enemigo hizo estallar dos bombas nucleares sobre población inocente, Japón desarrollara la misma tecnología que generó las bombas "Little Boy", a base de Uranio 235, y "Fat Man", con Plutonio 239.
Alemania
La canciller alemana Angela Merkel reaccionó con rapidez ante la tragedia humana, ambiental y tecnológica de Japón. El 15 de marzo de 2011 aplazó por tres meses la extensión de la vida útil de 17 reactores nucleares, y un día después paralizó "temporalmente" las 7 centrales más antiguas de Alemania. Tomó esta decisión aunque el país no tenga riesgo de grandes terremotos ni tsunamis [2]. Decisiones similares están siendo adoptadas en distintos países. Hasta el 17 de marzo de 2011, 10 de los 31 países que poseen reactores nucleares de potencia anunciaron la paralización de nuevos proyectos y dispusieron una profunda revisión de su seguridad.
Argentina
Contrariamente a lo sucedido en Alemania, donde se adoptó una rápida medida preventiva, el Gerente de Relaciones Institucionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Gabriel Barceló, descartó que lo ocurrido en Japón pueda suceder en Argentina pues nuestro país "usa una diferente tecnología y además no estamos en zona sísmica" [3]. Esta aseveración es incorrecta. Las tecnologías son diferentes pero los materiales radiactivos que se manejan son igualmente peligrosos y los sismos –por otra parte- no son la única causa de accidente nuclear. Cualquier reactor puede sufrir un accidente nivel 7.
Ese máximo accidente "posible" puede ser el resultado de varios factores, aislados o que actúan en forma simultánea.
Primero, actividad sísmica. La central de Embalse en Córdoba está localizada sobre la falla de Santa Rosa, en una región donde ya se han registrado movimientos sísmicos importantes: magnitud 5,5 e intensidad VII en 1947 y magnitud 6,0 e intensidad VIII en 1934. La "falla del frente occidental de la Sierra Chica" se extiende desde Carlos Paz hasta Berrotarán y Elena. Su potencial para generar sismos es desconocido. En la región también se encuentra la falla de Las Lagunas, cercana a Sampacho –localidad destruida por un sismo en 1934- que llega hasta Río Cuarto [4].
Segundo, fallas humanas. El 30 de junio de 1983 la central nuclear de Embalse sufrió un grave incidente que no llegó a descargar material radiactivo al ambiente. Pero delató “fallas en el diseño, errores en los documentos y procedimientos, y desaciertos en la organización interna”. Este crudo diagnóstico está contenido en un documento del IRS, oficina de las Naciones Unidas con sede en Austria que centraliza los informes sobre incidentes. La CNEA, además de mantenerlo en secreto, tardó tres años en comunicar lo sucedido al IRS. Recién se conoció cuando la revista Der Spiegel, que tuvo acceso a 250 informes secretos, lo publicó en Alemania en 1987.
Tercero, fallas técnicas. Los reactores Candu tienen fallas inherentes a su diseño que explican por ejemplo las numerosas descargas de agua pesada radiactiva descargadas al lago de Embalse. Por ejemplo, febrero-marzo de 1986, agosto de 1987, septiembre de 1987, diciembre de 1987, diciembre de 1995 y octubre de 2003 [5]. Los Candú son particularmente sensibles a ciertos tipos de accidentes [6].
Cuarto, impacto de avión comercial de gran porte por accidente o acto terrorista contra el reactor o contra el depósito de combustible nuclear agotado.
Es importante señalar que Embalse tiene dos sitios extremadamente peligrosos, uno muy protegido por "barreras de ingeniería", el corazón del reactor, y otro menos protegido estructuralmente, el depósito de combustible nuclear agotado. Allí están depositadas las barras de descarte, altamente radiactivas, que se produjeron durante sus 28 años de operación (1983-2011). Al final de su vida útil estaría acumulando más de 120.000 barras que mantienen su peligrosidad durante 1.000 a 1.500 siglos. La situación en Atucha I es similar. Si un Boeing 767 impactara contra esos depósitos, el combustible nuclear se fragmentaría y los residuos radiactivos, transportados en altura por la corriente convectiva del incendio, podrían diseminarse. El viento generaría sucesivas "plumas de contaminación" o nubes. Chernobyl y Fukushima han mostrado que esta contaminación puede afectar zonas muy extensas, incluso a gran distancia de los reactores accidentados [5].
Embalse y Atucha I liberan rutinariamente materiales radiactivos
Las centrales nucleares de Argentina solo son controladas por la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) cuyos miembros siempre mantuvieron estrechas relaciones con CNEA y NASA (Nucleoeléctrica Argentina S.A.), que opera los dos reactores. Los gobiernos de las provincias de Córdoba y Buenos Aires –por otra parte- no controlan adecuadamente los reactores nucleares de Embalse y Atucha I, ni preparan a las poblaciones locales para el "peor accidente posible" (nivel 7 del INES). Además de la liberación accidental de materiales radiactivos –usualmente no informadas a la población- ambos reactores descargan rutinariamente una larga lista de radioisótopos al ambiente.
Embalse por ejemplo libera al lago, entre otros, Tritio 3, Zirconio 95, Cesio 137 y 134, Estroncio 90, Cromo 51, Niobio 95, Cerio 141 y 144, Gadolinio 153, Iodo 131, Rutenio 106 y 103, Cobalto 60, Antimonio 125, Bario 140, Manganeso 54, Plata 110 M, Zinc 65 y Curio 51. El aire –en tanto- recibe Tritio 3, Xenón 133, Xenón 135, Kriptón 85, 85 M y 88, Niobio 95, Zirconio 95, Cerio 144, Rutenio 103. Cerio 141, Antimonio124 y 125, Cobalto 60, Hierro 59, Plata 110m y Iodo 131. Todos son de riesgo y dado que algunos tienen vidas medias largas como el Tritio 3 (12,3 años), el Cesio 137 (30,1 años), el Estroncio 90 (28,7 años) y el Cobalto 60 (5,2 años) es muy posible que se hayan acumulado en las cadenas alimentarias del lago y del suelo. El Cesio 137, químicamente similar al potasio, ingresa por ejemplo en tejido muscular y el Estroncio 90 –similar al calcio- en tejido óseo. Dado que el gobierno de la provincia de Córdoba no controla a NASA –la operadora de la central- se ignora lo que está sucediendo. En Atucha I –donde las principales descargas se vuelcan al río Paraná- la situación es parecida.
A nivel de radiación ionizante no hay niveles inofensivos
La radiación ionizante emitida por los materiales radiactivos es dañina para las células, tejidos y organismos vivos. Incluso la exposición a la radiación natural de fondo, relativamente baja, implica riesgos. Cualquier aumento de ese fondo aumenta la posibilidad de efectos negativos. Cada ciudadano debe saber que biológicamente ningún umbral de radiactividad es seguro. Maurice Errera de la Universidad de Bruselas lo expresa muy claramente: “todo aumento de radiación, por pequeño que sea, es susceptible de incrementar la incidencia de enfermedades hereditarias o del cáncer”. El descubrimiento del efecto Petkau cambió la historia del impacto sanitario. Hoy sabemos que las pequeñas dosis de radiación también pueden afectar a las células vivas y su material genético (ADN), y generar cáncer. La radiación actúa de dos formas, directamente cuando las partículas Alfa y Beta y los rayos Gamma alcanzan las células vivas. Indirectamente cuando los átomos "impactados" por esa radiación pierden sus electrones, y éstos actúan como si fueran balas dañinas sobre otras células y sus respectivos materiales genéticos. Los efectos de la radiación, sin embargo, suelen aparecer bastante tiempo después de la exposición. La radiación ionizante, que no tiene olor, ni se ve, ni se toca, enferma y mata en silencio [5].
Córdoba, con más Tritio radiactivo que Buenos Aires
En Córdoba, el lago de Embalse recibe los mayores impactos de la central nuclear de Embalse. Además de las varias decenas de materiales radiactivos que descarga rutinariamente la central, su circuito terciario sobrecalienta las aguas del lago en más de 3 grados centígrados. Uno de los radioisótopos críticos que vuelca es el Tritio 3, cuya vida media es de 12,43 años. Los habitantes de Embalse, por ejemplo, consumen agua potable con 220 becquerelios por litro de Tritio 3. Para la CNEA este valor está “por debajo” de sus límites. Pero para la Directiva 98/93 de la Comunidad Europea, aprobada el 3 de noviembre de 1998, el límite aceptable para agua potable es 100 becquerelios por litro. ¿Porqué un habitante de Embalse debe consumir agua con 500 veces más Tritio 3 que un habitante de Buenos Aires o Roma, sabiendo lo que hoy sabemos sobre el efecto de las pequeñas dosis? CNEA y otras oficinas federales minimizan esta realidad pero sin dar cifras [7].
En Argentina la población no está preparada para enfrentar accidentes nucleares
En Embalse y Atucha I, las tres instituciones nucleares de Argentina, ARN, CNEA y NASA, organizan simulacros de accidente nuclear "menor" solamente en un radio de 10 kilómetros alrededor de cada reactor nuclear. Su plan de evacuación de personas se limita, en cada caso, a 3 kilómetros alrededor de las plantas. Fukushima y Chernobyl muestran hasta qué punto estas distancias son insignificantes. Tokio, que se ha estado preparando para reducir la exposición a residuos radiactivos transportados por aire, está ubicada a 224 kilómetros de Fukushima. En Chernobyl la contaminación radiactiva alcanzó lugares situados a 700 kilómetros de distancia e incluso más lejos.
De allí que en Argentina millones de personas queden marginadas de los sistemas de prevención. Nunca se elaboraron planes ciudadanos con consignas para que cualquier poblador de las ciudades de Río Cuarto o Villa María en Córdoba, o de Rosario en Santa Fe, o de la ciudad de Buenos Aires sepan cómo actuar ante el peor accidente posible. Ni siquiera se han acordado tareas conjuntas con Uruguay para que sus ciudadanos también estén preparados. CNEA se limita a decir que la probabilidad de accidente nuclear es baja y que la tragedia de Fukushima no podría ocurrir en nuestro país.
Al excluir la mayor parte de la población de las consignas de seguridad, las autoridades nucleares de Argentina cometen un error social trágico. Para evitar eventuales críticas y temores prefieren no preparar a la población que vive más allá del radio de los 10 kilómetros alrededor de Embalse y Atucha I.
Pero ellos no son los únicos responsables. Los gobiernos de la provincias potencialmente afectadas por un accidente nuclear nivel 7 en la escala del INES –ya sea en Embalse o Atucha I- también siguen mirando para otro lado. El caso de Córdoba es particularmente grave. La Fundación para la defensa del ambiente (FUNAM) le entregó al gobernador Juan Schiaretti, en noviembre de 2010, un Plan Ciudadano con consignas para que los pobladores sepan cómo actuar ante un accidente nuclear. A la fecha (marzo de 2011) el gobernador nunca respondió. De allí que FUNAM esté analizando la posibilidad de accionar judicialmente contra el gobernador y haya decidido, unilateralmente, distribuir públicamente el Plan Ciudadano.
Las limitaciones de las pastillas de Iodo
Durante los accidentes nucleares suelen liberarse cantidades importantes del radioisótopo Iodo 131, que tiene una vida media de 8,1 días [8]. Al igual que todos los materiales radiactivos es una sustancia cancerígena. Por eso se distribuyen pastillas de Iodo estable (no radiactivo) entre la población. Al saturarse la glándula tiroides y estar la persona expuesta al Iodo 131 radiactivo, la glándula no lo fija y el radioisótopo se elimina, mayoritariamente, por orina y materia fecal. Lo que no explican con claridad las autoridades nucleares es que las pastillas de Iodo solo sirven para detener las formas radiactivas del Iodo. No ayuda a eliminar el Cesio 137 ni el Estroncio 90 ni ninguno de los otros materiales radiactivos descargados durante un accidente nuclear. Tampoco "absorbe" la radiación. Debido a esta confusión muchas personas creen que tomando pastillas de Iodo quedan protegidas de todos los materiales radiactivos y de la radiación, lo que no es cierto.
Argentina ya tuvo su accidente grado 4 en la escala del INES
Argentina figura en los listados de accidentes nucleares importantes debido al grave accidente que ocurrió en el reactor de investigación RA-2 en el Centro Atómico Constituyentes, en Buenos Aires (CAT). El 23 de septiembre de 1983 estaba realizándose allí un experimento que requería cambiar la configuración del "corazón" del reactor. Se produjo entonces una "excursión crítica" (reacción fuera de control) que expuso al operador a 2.000 rad de radiación Gamma y 1.700 rad de neutrones, lo que produjo su muerte dos días después. Otras 17 personas ubicadas fuera de la habitación del reactor recibieron dosis que variaron entre 35 rad (0,35 Gy) y menos de 1 rad (0,01 Gy). Este accidente fue calificado como nivel 4 en la escala del INES [5].
En Argentina debe revisarse el programa nuclear y someterse a revisión independiente los sistemas de seguridad de sus reactores de potencia y experimentales. Propuestas.
En nuestro país están definiéndose obras que ponen en peligro sanitario y ambiental vastas regiones geográficas y ciudades muy pobladas. Esto se debe a la gran movilidad de los contaminantes atmosféricos en caso de accidente con descarga masiva de radioisótopos. En Japón las sustancias radiactivas eliminadas desde Fukushima están llegando a Tokio, la ciudad más poblada del planeta (con 35,8 millones de habitantes), que se encuentra a 224 kilómetros de distancia.
En Argentina el gobierno nacional alienta la consolidación de un "parque" de reactores en Lima en la provincia de Buenos Aires que integra, en la actualidad, Atucha I (en operación), Atucha II (en construcción) y el CAREM 25 (en construcción). Es intención del gobierno nacional agregar además la proyectada Atucha III. El ya antiguo reactor de Atucha I se encuentra a 120 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y próximo a ciudades del Uruguay. Si ocurriera un accidente nivel 7 afectaría potencialmente a la Argentina, Uruguay y posiblemente parte del sur de Brasil. Las "plumas" de contaminación radiactiva podrían alcanzar Uruguay por aire y por agua (río Paraná, río de la Plata). Entre las localidades uruguayas con ubicación crítica se encuentran Fray Bentos, Mercedes, Dolores, Carmelo y Colonia.
En la provincia de Córdoba los gobiernos nacional y provincial tomaron la decisión de extender la vida útil de la central nuclear de Embalse por 25 años violando, abiertamente, la ley provincial de Ambiente 7.343, el decreto provincial 2.131 sobre Evaluación de Impacto Ambiental y la ley Nacional de Ambiente 25.675, que prevé la realización de Audiencias Públicas. Esta decisión –pese a la oposición pública y los reclamos de FUNAM, iniciados en 2005- ignoró por completo a los ciudadanos de la provincia.
De sumarse la vida útil ya cumplida, el tiempo que aún queda de operación (2011-2012) y la extensión (25 años) se sobrepasa el medio siglo de funcionamiento. Esto aumentaría los riesgos de accidente del reactor, pese a la renovación de partes, pues funcionaría con muchos elementos antiguos e impactados. Crecería además el efecto negativo de sus descargas radiactivas al ambiente (rutinarias, accidentales), en particular sobre el lago de Embalse y el río Ctalamochita, pues se incrementaría la acumulación de radioisótopos de larga vida media. En caso de accidente nivel 7 debe recordarse que Embalse dista apenas 35 kilómetros de Río Tercero, 86 kilómetros de Alta Gracia, 110 kilómetros de Río Cuarto y 120 kilómetros de Córdoba, la segunda ciudad más poblada de Argentina.
Al noreste del país, la nación y el gobierno de Formosa pretenden instalar junto al río Paraguay un reactor CAREM de 150 MW. Se desconocen los estudios de impacto ambiental y no ha habido consultas públicas. Este reactor es experimental pues nunca antes se construyó en forma completa un CAREM 150. Solo hubo pruebas de la unidad crítica que violaron en su momento la legislación de la provincia de Río Negro (1997) y se está construyendo un prototipo, el CAREM 25, en Lima (Buenos Aires). En caso de accidente nivel 7 en la escala del INES podrían verse afectados el noreste de Argentina y Paraguay. Resulta llamativo que los gobiernos de la Argentina y Formosa sigan adelante con este proyecto experimental sin haber consultado previamente al gobierno de Paraguay y sin que se conozca la posición de los paraguayos. Una eventual pluma de contaminación que se extendiera por el río Paraguay podría afectar además las provincias de Chaco y Corrientes, e incluso otros lugares ubicados aguas abajo (después de la confluencia Paraguay-Paraná).
En plena democracia el gobierno de la Nación y algunos gobiernos provinciales vuelven a repetir la mecánica autoritaria de los gobiernos militares, principales impulsores del programa nuclear.
Argentina debe replantear su costoso programa nuclear en base a debates amplios e informados y consultas públicas, en particular porque la nación impulsa –unilateralmente- la consolidación del primer parque de reactores nucleares de América Latina en Lima (Buenos Aires) cuando Fukushima mostró, dramáticamente, lo peligroso que resulta concentrar en una misma localidad varios reactores nucleares ubicados –además- a distancia crítica de grandes centros poblados.
Urge suspender la extensión de la vida útil de la central nuclear de Embalse e investigar administrativa y judicialmente porqué se decidió dicha extensión sin respetar las leyes y sin audiencia pública. También debe suspenderse la construcción del reactor CAREM de Formosa, un proyecto que ignoró a los ciudadanos del nordeste de Argentina y al Paraguay.
Asimismo debe someterse a revisión externa la seguridad de todas las instalaciones nucleares, no solamente reactores (centros atómicos, planta de enriquecimiento de uranio, minas de uranio sin remediar, Dioxitek etc.), y encarar estudios ambientales y epidemiológicos independientes para conocer los impactos negativos que ya provocaron las actividades nucleares sobre los ecosistemas y la salud. Para ello será necesario convocar a universidades, centros de investigación y organizaciones de la sociedad civil. En este contexto debe analizarse la viabilidad y seguridad de Atucha II y del CAREM 25. Finalmente, las actividades nucleares de Argentina no pueden seguir siendo fiscalizadas por un organismo como la Autoridad Regulatoria Nuclear, que ha mostrado vínculos profesionales, técnicos y políticos con la propia CNEA y NASA.
Nuestro país necesita Planes Ciudadanos para que las distintas comunidades puedan reaccionar adecuadamente ante accidentes nucleares. Es preciso revisar además los actuales simulacros para que incluyan el peor accidente posible (nivel 7 en la escala del INES).
Argentina debe desarrollar una Política Energética de Estado en base a la participación de los gobiernos, de los partidos políticos y de distintos actores no gubernamentales para generar un programa de largo plazo que no aísle la cuestión energética del ambiente, de la propia sociedad y del escenario mundial. En este enfoque las conductas de ahorro, las tecnologías sustentables y las fuentes blandas deben tener prioridad. No puede ser que las decisiones e inversiones en materia energética sean decididas en Argentina desde un ministerio nacional, grandes intereses corporativos y una total ausencia de consulta. Lo que debe quedar claro es que Argentina no debe fabricar la trampa en que ya cayó Francia, donde más del 80% de la energía eléctrica que se consume es de origen nuclear. Además de numerosas alternativas energéticas y fuentes blandas (eólicas, solares, fotovoltaicas, de biomasa residual, etc.) existe la estrategia del ahorro energético, insuficientemente desarrollada en nuestro país. Todas estas alternativas son más baratas y menos peligrosas que la nuclear, y no dejan residuos radiactivos que por su larga vida media comprometen la salud y el ambiente de futuras generaciones. No es razonable que reactores nucleares con vidas útiles de apenas 30 años generen grandes volúmenes de residuos que siguen siendo radiactivos durante 1.000 a 1.500 siglos.
Depender de una tecnología absurdamente cara y peligrosa en lugar de consolidar matrices energéticas variadas y más sustentables es suicida. Japón –víctima de ese suicidio- le acaba de asestar un golpe durísimo al mito nuclear, mito que nació del militarismo, la sospecha y la corrupción.
Si los ciudadanos e instituciones no logramos romper la tradición de hermetismo, secreto y autoritarismo con que se edificó el fastuoso programa nuclear de Argentina –que apenas provee del 5 al 6% de la energía eléctrica- entonces deberemos prepararnos para resistir sus impredecibles efectos colaterales. No olvidemos que un solo accidente nuclear grave puede hacer colapsar durante décadas y siglos una región entera. Fukushima está más cerca de lo que creemos.
Referencias
[1] INES, Escala Internacional de Eventos Nucleares. El grado 6 fue asignado por la Autoridad de Seguridad Nuclear de Francia (El País, Madrid, 15 de marzo de 2011).
[2] En Europa las instituciones nucleares tienen una posición muy crítica sobre los accidentes ocurridos en Japón. El Comisario europeo de Energía, Günther Öttinger calificó como "fuera de control" la situación en Fukushima (El País, Madrid, 16 de marzo de 2011).
[3] "CNEA: en Argentina no podría pasar lo que sucede en Japón". Noticia de la Agencia TELAM, 14 de marzo de 2011. La aseveración de G. Barceló es técnicamente incorrecta pues Argentina tiene zonas sísmicas.
[4] Estas fallas están siendo estudiadas por la Universidad Nacional de Río Cuarto. El geólogo Guillermo Sagripanti –a cargo de los estudios- expresó que la zona de Río Cuarto "es sísmicamente activa". Ver La Voz del Interior (Córdoba), 15 de marzo de 2011 y diario Puntal (Río Cuarto) 16 de marzo de 2011.
[5] Montenegro, R.A. 2007. "The nuclear programme of Argentina and the creation of nuclear-free zones for reducing risks of nuclear facilities". In: "Updating International Nuclear Law", Eds. H. Stockinger, J. Van Dyke, M. Geistlinger, S. K. Fussek y P. Marchart, Ed. NW Verlag, BMW Berliner Wissenschaftsverlag & Intersentia, Wien-Graz, pp. 259-284.
[6] El reactor nuclear Candú de Embalse tiene problemas que le son propios: 1) Mayor probabilidad de pérdida de agua pesada desde el circuito primario dada la complejidad de su tubería. 2) El reaprovisionamiento de combustible mientras continúa funcionando el reactor introduce factores adicionales de riesgo. 3) Las sucesivas fallas y roturas de los tubos de presión está relacionada con la misma aleación de Zirconio-Niobio utilizada en las tuberías de Chernobyl. 4) La combinación de uranio natural-agua pesada tiene serias implicancias en materia de seguridad. El coeficiente de reactividad es positivo, de allí que cualquier accidente que ocasione la pérdida de refrigerante pueda acarrear escape de energía. 5) El uso de agua pesada genera grandes cantidades de Tritio 3 radiactivo, y el uso generoso de Zirconio en el núcleo tiene como consecuencia un elevado potencial de reacción Zirconio-vapor de agua. 6) No está diseñado para soportar los peores accidentes que involucran extensas reacciones de Zirconio-vapor de agua, explosiones de hidrógeno y vapor de agua, y ruptura de las modalidades comunes de los ciclos de enfriamiento primarios y secundarios dentro de la contención.
[7] Según datos de la Autoridad Regulatoria Nuclear (1998) los valores de Tritio 3 en aguas del Embalse de Río Tercero, en Córdoba, son 32 a 520 veces más altos que los medidos en el río Paraná en inmediaciones de Atucha I. Las cifras de Tritio 3 en el agua potable que consumen los pobladores de Embalse, en tanto, son 34 a 367 veces más altas que las registradas en agua subterránea (potable) de pozos situados 5 kilómetros al sur de Atucha I (provincia de Buenos Aires). Ver [5].
[8] Cada material radiactivo tiene una vida media observada. Cuando se dice que el Iodo 131 tiene una vida media de 8,1 días implica lo siguiente: si tengo 100 gramos de Iodo 131 a los 8,1 días quedará la mitad, es decir 50 gramos; a los 16,2 días la mitad de la mitad, 25 gramos, y así sucesivamente.
Para mayor información contactar a:
Prof. Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Teléfono fijo: 03543-422236
Teléfono celular: 0351-155 125 637
E-mail: raulmontenegro@flash.com.ar
Rarezas nucleares en argentina
Hace apenas cuatro años, una investigación periodística del diario Perfil revelaba que el diseño de la central nuclear Atucha II era anterior al desastre de Chernobyl y no cumplía con las normas de seguridad que se asumieron en el mundo desde 1986. Una reformulación del proyecto tendría un valor superior a 700 millones de dólares. Atucha II fue diseñada en los 70 y se comenzó a construir en 1980. Paralizada entre 1984 y 1992, y desde 1994 hasta la presidencia Kirchner.
Por Lic. Silvana Buján
22/03/2011.
"...Que el mar está agonizando,
que no hay quien confie en su hermano,
que la tierra cayó en manos de unos locos con carnet.
Que el mundo es de peaje y experimental..."
Juan Manuel Serrat
Hace apenas cuatro años, una investigación periodística del diario Perfil revelaba que el diseño de la central nuclear Atucha II era anterior al desastre de Chernobyl y no cumplía con las normas de seguridad que se asumieron en el mundo desde 1986. Una reformulación del proyecto tendría un valor superior a 700 millones de dólares. Atucha II fue diseñada en los 70 y se comenzó a construir en 1980. Paralizada entre 1984 y 1992, y desde 1994 hasta la presidencia Kirchner. Su diseño no contempló, por ejemplo, qué sucedería si uno de los conductos de combustible radiactivo se rompiera enteramente. Apenas si tiene en cuenta un daño del 10% de la superficie, uno de los aspectos que han actualizado a la normativa internacional. El diseño original fue realizado por Siemens, que ha abandonado hace años el mundo nuclear. Y Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NaSa) no tiene antecedentes como para realizar un rediseño. Hoy, el gobierno, no habla del tema.
En el informe del diario Perfil se reproducen declaraciones off the record de técnicos de CNEA: "Así como está diseñada, Atucha II no podría funcionar ni en Canadá, ni en Alemania, ni en los EE.UU." "El principal (probema) es el extrañísimo sistema de apagado: comienza a apagarse pero luego se inicia de nuevo... es muy raro, como un freno que frena pero sólo un poco". "Otro problema es que, en vez de cambiar el sistema, siguen avanzando (en la construcción). Las autoridades de la CNEA y de NaSa convencieron al Gobierno de que se puede seguir construyendo así, pero lo cierto es que muchos profesionales ya advertimos de este problema. Además, se nos presiona laboralmente para que dejemos de hablar del tema". Nicolás Riga, responsable en la ARN para la licencia de Atucha II, aseguró: "Deberán buscar a alguien competente para que lo haga. Si no, nosotros o en última instancia la IAEA impediremos que comience a funcionar".
En diciembre de 2007 el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica visitó Argentina y solicitó que su organismo verifique la seguridad de la central atómica. El Presidente en persona le dijo que si. Pero... no se realizó jamás. Por ello, el 10 de enero de 2008, Tomihiro Taniguchi, director general del Departamento de Seguridad Nuclear de la IAEA, le dirigió una carta firmada por el director general de IAEA, Mohamed El-Baradei al embajador argentino en Viena, Eugenio María Curia, para solicitar al Gobierno argentino que acceda a la visita de expertos en seguridad a revisar Atucha II, para adecuarla al inciso 6 del art. III del Estatuto de IAEA, que señala "proteger la salud y reducir al mínimo el peligro para la vida y la propiedad".
Nuevamente el diario Perfil publicaba un reportaje realizado a Raúl Racana, titular de la Autoridad Regulatoria Nuclear, en referencia a por qué el gobierno nacional nada respondía a los pedidos de la IAEA. Entre otras declaraciones puede leerse que Racana señala la "obsesividad que tienen por controlarnos", "La gente que está en la IAEA no nos termina de gustar". "Uno no tiene por qué andar difundiendo a todo el mundo el esfuerzo tecnológico que hace. No podemos permitir que miren todo lo que se les dé la gana." "¿por qué me van a venir a ver a mí y no a los reactores brasileños?"
Desde hace tantos años, desde BIOS nos preguntamos:
¿Por qué no se asumió esa auditoría externa de Atucha II ante la IAEA?
¿Se han actualizado los diseños de los sistemas de seguridad? Qué empresa lo ha hecho si acaso se ha hecho?
¿Es posible que la IAEA no apruebe la puesta en funcionamiento de Atucha II?
¿Hay diseños similares a Atucha II en otros países?
¿Por qué la ARN señala que no autorizaría la puesta en marcha de Atucha II?
Quien esto escribe intenta, infructuosamente desde hace exactamente dos años, realizar un reportaje a quien al ARN designe sobre estos temas.
"Alguien" (pues la misiva es anónima) respondió el 21 de enero de 2010 un cortés mensaje, relatándome la suma de seguridades que debían tranquilizarme y haciendo un paralelismo entre las características técnicas de Atucha I y Chernobyl. Según este interlocutor anónimo (pero gentil) de la ARN, todo está bien y en buenas manos.
Sin embargo, nada menciona que, tal como puede revisarse en cualquier web, en 1983, una serie de incidentes producidos en Atucha 1, llevó a calificar a la central como de "ruinosidad completa". El CALIN (Consejo Asesor para el Licenciamiento de Instalaciones Nucleares) en 1986 señaló en su nforme que Atucha I se hallaba "en una situación no satisfactoria, que con el tiempo tiende a deteriorarse aún más". En 1984, otro incidente detuvo la bomba de agua de alimentación del circuito de enfriamiento del reactor. También en 1985 y 1987 se denunciaron desperfectos, y en este último año, el 22 de diciembre, se derramaron 50 toneladas de agua pesada durante los tets de presurización. Debido a esa fuga radiactiva, la central estuvo parada 150 días. Poco después, en 1992, hubo pérdida de potencia del reactor por recalentamiento del líquido moderador que afectó la refrigeración.
Tampoco responde a mi inquietud acerca del famoso eslógan de que se trata de la energía más barata. Mi consulta es sobre el cálculo del costo del kilovatio de energía instalado, ya que en él debiera incluírse al costo de operación de la central, el costo de prospección, operación de minas, clausura y saneamiento (que la CNEA no ha hecho en al menos 8 emplazamientos, en las últimas décadas, según la propia CNEA), así como transporte, auditorías, mediciones, custodia y clausura al menos por 500 años, como el PRAMU estima en Malargüe. ¿Lo incluyen? ¿qué valor dá? ¿se puede seguir afirmando que es el Kw/h más barato? ¿O seguimos haciendo la trampita de olvidar esos "detalles menores"?
También consulto acerca de algo que ví en mi visita al PRAMU (Programa de remediación de minería del uranio) en Malargüe. Los técnicos que me asistieron allí, aseguraron la protección radiológica de los empleados, pero... no cuentan siquiera con dosímetros, sino con medidores de radón, que han llegado década y media tarde al sitio, ya que fueron recibidos a finales de 2009. Por añadidura, al preguntar sobre los impactos regionales de la remoción de la meseta de colas, se me asegurò que no existían evidencias de problemáticas sanitarias. Pero al avanzar en la investigación, confirmé que no existe ningún tipo de dato epidemiológico ni registro que se le parezca. Y que las patologías y decesos se producen en su gran mayoría en las ciudades más cercanas adonde las personas van a atenderse a centros de complejidad, por lo cual, no hay historiales clínicos que puedan afirmar los datos de inocuidad de la existencia y operatoria del encapsulamiento.
Asi las cosas, con más dudas que certezas, y siendo que CNEA no está respondiendo a requisitorias periodísticas desde el momento en que colapsó el reactor en Japón. ¿Podemos estar tranquilos esperando la inauguración de una central nuclear que ha sido negada a una auditoría externa?
Para los apologetas del átomo, Japón era un ejemplo esgrimido por su seriedad, tecnología y responsabilidad. Pero una vez sucedida la catástrofe, surgieron a la luz noticias de corrupción en la empresa nipona de energía nuclear, controles no hechos, solicitudes internacionales de infomes no respondidos.
El mundo nuclear se sostiene en ocultamientos, minimizaciones y contradicciones. Lo que asusta, indudablemente, es que en sus manos hay elementos que pueden poner a un país al borde del colapso.
El planeta está retrocediendo, cancelando la extensión de vida útil de sus centrales y paralizando las construcciones de nuevas plantas. Europa detuvo muchos programas. EEUU revisa sus usinas. Chile se levanta contra la posibilidad de nuclearizarse.
El gobierno argentino, en cambio, guarda silencio. Un absoluto silencio. Negándose como desde que la Junta Militar creó el Plan Nuclear Argentino, a abrir debate público sobre la pertinencia de este tipo de energía, a los habitantes que la rechazamos.
Lic. Silvana Buján
silvanabujan@yahoo.com.ar
www.programa-ecos.com.ar
(0223) 479-2474 – (0223) 155019937
BIOS Argentina
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Miembro de RENACE
Miembro de GAIA
Miembro de la Coalición Ciudadana Antiincineración
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Por Lic. Silvana Buján
22/03/2011.
"...Que el mar está agonizando,
que no hay quien confie en su hermano,
que la tierra cayó en manos de unos locos con carnet.
Que el mundo es de peaje y experimental..."
Juan Manuel Serrat
Hace apenas cuatro años, una investigación periodística del diario Perfil revelaba que el diseño de la central nuclear Atucha II era anterior al desastre de Chernobyl y no cumplía con las normas de seguridad que se asumieron en el mundo desde 1986. Una reformulación del proyecto tendría un valor superior a 700 millones de dólares. Atucha II fue diseñada en los 70 y se comenzó a construir en 1980. Paralizada entre 1984 y 1992, y desde 1994 hasta la presidencia Kirchner. Su diseño no contempló, por ejemplo, qué sucedería si uno de los conductos de combustible radiactivo se rompiera enteramente. Apenas si tiene en cuenta un daño del 10% de la superficie, uno de los aspectos que han actualizado a la normativa internacional. El diseño original fue realizado por Siemens, que ha abandonado hace años el mundo nuclear. Y Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NaSa) no tiene antecedentes como para realizar un rediseño. Hoy, el gobierno, no habla del tema.
En el informe del diario Perfil se reproducen declaraciones off the record de técnicos de CNEA: "Así como está diseñada, Atucha II no podría funcionar ni en Canadá, ni en Alemania, ni en los EE.UU." "El principal (probema) es el extrañísimo sistema de apagado: comienza a apagarse pero luego se inicia de nuevo... es muy raro, como un freno que frena pero sólo un poco". "Otro problema es que, en vez de cambiar el sistema, siguen avanzando (en la construcción). Las autoridades de la CNEA y de NaSa convencieron al Gobierno de que se puede seguir construyendo así, pero lo cierto es que muchos profesionales ya advertimos de este problema. Además, se nos presiona laboralmente para que dejemos de hablar del tema". Nicolás Riga, responsable en la ARN para la licencia de Atucha II, aseguró: "Deberán buscar a alguien competente para que lo haga. Si no, nosotros o en última instancia la IAEA impediremos que comience a funcionar".
En diciembre de 2007 el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica visitó Argentina y solicitó que su organismo verifique la seguridad de la central atómica. El Presidente en persona le dijo que si. Pero... no se realizó jamás. Por ello, el 10 de enero de 2008, Tomihiro Taniguchi, director general del Departamento de Seguridad Nuclear de la IAEA, le dirigió una carta firmada por el director general de IAEA, Mohamed El-Baradei al embajador argentino en Viena, Eugenio María Curia, para solicitar al Gobierno argentino que acceda a la visita de expertos en seguridad a revisar Atucha II, para adecuarla al inciso 6 del art. III del Estatuto de IAEA, que señala "proteger la salud y reducir al mínimo el peligro para la vida y la propiedad".
Nuevamente el diario Perfil publicaba un reportaje realizado a Raúl Racana, titular de la Autoridad Regulatoria Nuclear, en referencia a por qué el gobierno nacional nada respondía a los pedidos de la IAEA. Entre otras declaraciones puede leerse que Racana señala la "obsesividad que tienen por controlarnos", "La gente que está en la IAEA no nos termina de gustar". "Uno no tiene por qué andar difundiendo a todo el mundo el esfuerzo tecnológico que hace. No podemos permitir que miren todo lo que se les dé la gana." "¿por qué me van a venir a ver a mí y no a los reactores brasileños?"
Desde hace tantos años, desde BIOS nos preguntamos:
¿Por qué no se asumió esa auditoría externa de Atucha II ante la IAEA?
¿Se han actualizado los diseños de los sistemas de seguridad? Qué empresa lo ha hecho si acaso se ha hecho?
¿Es posible que la IAEA no apruebe la puesta en funcionamiento de Atucha II?
¿Hay diseños similares a Atucha II en otros países?
¿Por qué la ARN señala que no autorizaría la puesta en marcha de Atucha II?
Quien esto escribe intenta, infructuosamente desde hace exactamente dos años, realizar un reportaje a quien al ARN designe sobre estos temas.
"Alguien" (pues la misiva es anónima) respondió el 21 de enero de 2010 un cortés mensaje, relatándome la suma de seguridades que debían tranquilizarme y haciendo un paralelismo entre las características técnicas de Atucha I y Chernobyl. Según este interlocutor anónimo (pero gentil) de la ARN, todo está bien y en buenas manos.
Sin embargo, nada menciona que, tal como puede revisarse en cualquier web, en 1983, una serie de incidentes producidos en Atucha 1, llevó a calificar a la central como de "ruinosidad completa". El CALIN (Consejo Asesor para el Licenciamiento de Instalaciones Nucleares) en 1986 señaló en su nforme que Atucha I se hallaba "en una situación no satisfactoria, que con el tiempo tiende a deteriorarse aún más". En 1984, otro incidente detuvo la bomba de agua de alimentación del circuito de enfriamiento del reactor. También en 1985 y 1987 se denunciaron desperfectos, y en este último año, el 22 de diciembre, se derramaron 50 toneladas de agua pesada durante los tets de presurización. Debido a esa fuga radiactiva, la central estuvo parada 150 días. Poco después, en 1992, hubo pérdida de potencia del reactor por recalentamiento del líquido moderador que afectó la refrigeración.
Tampoco responde a mi inquietud acerca del famoso eslógan de que se trata de la energía más barata. Mi consulta es sobre el cálculo del costo del kilovatio de energía instalado, ya que en él debiera incluírse al costo de operación de la central, el costo de prospección, operación de minas, clausura y saneamiento (que la CNEA no ha hecho en al menos 8 emplazamientos, en las últimas décadas, según la propia CNEA), así como transporte, auditorías, mediciones, custodia y clausura al menos por 500 años, como el PRAMU estima en Malargüe. ¿Lo incluyen? ¿qué valor dá? ¿se puede seguir afirmando que es el Kw/h más barato? ¿O seguimos haciendo la trampita de olvidar esos "detalles menores"?
También consulto acerca de algo que ví en mi visita al PRAMU (Programa de remediación de minería del uranio) en Malargüe. Los técnicos que me asistieron allí, aseguraron la protección radiológica de los empleados, pero... no cuentan siquiera con dosímetros, sino con medidores de radón, que han llegado década y media tarde al sitio, ya que fueron recibidos a finales de 2009. Por añadidura, al preguntar sobre los impactos regionales de la remoción de la meseta de colas, se me asegurò que no existían evidencias de problemáticas sanitarias. Pero al avanzar en la investigación, confirmé que no existe ningún tipo de dato epidemiológico ni registro que se le parezca. Y que las patologías y decesos se producen en su gran mayoría en las ciudades más cercanas adonde las personas van a atenderse a centros de complejidad, por lo cual, no hay historiales clínicos que puedan afirmar los datos de inocuidad de la existencia y operatoria del encapsulamiento.
Asi las cosas, con más dudas que certezas, y siendo que CNEA no está respondiendo a requisitorias periodísticas desde el momento en que colapsó el reactor en Japón. ¿Podemos estar tranquilos esperando la inauguración de una central nuclear que ha sido negada a una auditoría externa?
Para los apologetas del átomo, Japón era un ejemplo esgrimido por su seriedad, tecnología y responsabilidad. Pero una vez sucedida la catástrofe, surgieron a la luz noticias de corrupción en la empresa nipona de energía nuclear, controles no hechos, solicitudes internacionales de infomes no respondidos.
El mundo nuclear se sostiene en ocultamientos, minimizaciones y contradicciones. Lo que asusta, indudablemente, es que en sus manos hay elementos que pueden poner a un país al borde del colapso.
El planeta está retrocediendo, cancelando la extensión de vida útil de sus centrales y paralizando las construcciones de nuevas plantas. Europa detuvo muchos programas. EEUU revisa sus usinas. Chile se levanta contra la posibilidad de nuclearizarse.
El gobierno argentino, en cambio, guarda silencio. Un absoluto silencio. Negándose como desde que la Junta Militar creó el Plan Nuclear Argentino, a abrir debate público sobre la pertinencia de este tipo de energía, a los habitantes que la rechazamos.
Lic. Silvana Buján
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